Tropico 3, usted es el que manda

A nuestra disposición tendremos todo el repertorio de herramientas de gestión típicas de este tipo de juegos. Podremos saber qué piensa la gente, gastar el dinero en construir infraestructuras y edificios y controlar los sueldos. Sin embargo, dada la naturaleza «peculiar» de estos gobiernos, podremos recurrir a acciones bastante menos usuales y algo más indecorosas.

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La carátula de Tropico 3 no engaña en absoluto: muestra exactamente lo que nos espera dentro del juego. En ella vemos una poco disimulada parodia de Fidel Castro controlando a placer una isla que bien podría ser Cuba. Y de eso va todo el asunto. En este título nos ponemos al mando de una isla tropical, como Presidente «elegido democráticamente» por el pueblo. Entre la lista de personajes jugables encontramos al propio Fidel, al Che Guevara, Pinochet y a Eva Perón entre muchos otros políticos. Cada uno tiene una serie de atributos que definen sus habilidades y propiedades cual líder del Civilization, muchos de ellos referidos a sus aficiones a la bebida, el dinero ajeno o las mujeres. Esto es sólo una muestra del descaro y el afán de parodia que se respira en todo este título, y que enriquece la diversión de un esquema de juego que de por sí entretiene durante horas.

Tras probarlo en sus dos versiones, tanto PC como Xbox 360, sólo me queda decir que ha sido uno de los grandes tapados de las Navidades, y que se merece toda nuestra atención como uno de los mejores juegos de gestión y estrategia que han surgido en los últimos tiempos.


Comenzaremos nuestras partidas en una isla casi vacía, con un palacio presidencial, unas cuantas chabolas, un puerto y poco más. A partir de ese momento tendremos que vigilar de cerca la economía (industria, banca), el urbanismo (disposición de los edificios, vivienda), los servicios sociales (educación, sanidad, religión) y la política exterior (relaciones con EEUU y la URSS). El equilibrio entre todos estos elementos no es trivial, y podremos vernos fuera del cargo fácilmente si no tenemos cuidado. Una mala economía puede provocar una deuda internacional de la que no seamos capaces de salir, un pueblo disgustado puede provocar una rebelión de tal magnitud que no podremos sofocarla con el ejército, y unas relaciones internacionales nefastas pueden acabar con los rusos o los marines desembarcando en la costa.

A nuestra disposición tendremos todo el repertorio de herramientas de gestión típicas de este tipo de juegos. Podremos saber qué piensa la gente, gastar el dinero en construir infraestructuras y edificios y controlar los sueldos. Sin embargo, dada la naturaleza «peculiar» de estos gobiernos, podremos recurrir a acciones bastante menos usuales y algo más indecorosas. Un apunte: al final de cada partida se contabiliza como puntuación extra el dinero desviado a una cuenta en Suiza para la merecida jubilación de nuestro dictador. Cómo engordar esa cuenta es algo que se consigue aceptando «regalos» de importantes empresas de alimentos a cambio de favores, engordando los presupuestos de construcción… También podremos amañar elecciones, ordenar ejecuciones, instaurar toques de queda, o incluso permitir pruebas nucleares en nuestra isla. Para terminar de ambientar el conjunto escucharemos durante la partida las arengas de un programa de radio ensalzando nuestra figura y nuestras decisiones hagamos lo que hagamos.

Más allá de la divertida parodia, Tropico 3 se hace especialmente interesante por la enorme libertad de acción que permite. ¿Quieres recurrir al capitalismo salvaje y convertir tu isla en un paraíso turístico e industrial? ¿Quieres demostrar que el comunismo funciona si se aplica correctamente? ¿O prefieres tirar por medio con muchos servicios sociales pero con cierta segregación social? Es tu elección, tu forma de jugar, y se te permite. De cualquier forma es posible alcanzar el éxito y construir un gran país.

El modo Campaña nos coloca en situaciones predefinidas, en una isla determinada y bajo unas condiciones iniciales. A partir de ahí se nos exige alcanzar un objetivo, tales como lograr un número de exportaciones o de turismo. Podemos usar al Presidente que prefiramos o crear uno nuevo por nuestra cuenta, aumentando aún más la rejugabilidad de cada fase. Si podéis, os recomiendo mucho probar la demo disponible en Xbox Live que permite jugar los dos primeros niveles de la Campaña, lo cual os garantizo que son horas y horas de diversión. La única pega es que en la versión de prueba no es posible salvar la partida.

El nivel de detalle es soberbio.

El nivel de detalle es soberbio.

La mejor versión es la de PC, debido a la evidente superioridad del control con teclado y ratón. Sin embargo, en la adaptación a consola no sale mal parado. Su manejo es algo menos intuitivo, pero por lo general una vez acostumbrados se hace ágil gracias a los accesos rápidos con botones y los menús radiales.

Con todo, no me queda más que recomendároslo. Vale la pena darle una oportunidad aunque la franquicia no sea demasiado conocida. Pensad que es muy fiel al Tropico original, y que este juego fue desarrollado por los más que geniales chicos de PopCap Games (Zuma, Peegle, Plants Vs Zombies…). Tropico 3 toma lo mejor de aquél juego y lo lleva al siguiente nivel.

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