Impresiones The Legend of Zelda: Spirit Tracks

The Legend of Zelda: Spirit Tracks

The Legend of Zelda: Spirit Tracks

Han pasado 100 años desde los acontecimientos narrados en Windwaker y Phantom Hourglass. Los supervivientes a la gran inundación finalmente encontraron tierra firme en la que establecerse y prosperar, y sus descendientes han fundado las primeras aldeas del nuevo Hyrule. Incluso el legendario castillo ha sido reconstruido, con un aspecto muy similar al que recordamos de Ocarina of Time. Este nuevo mundo está cubierto por unas vías mágicas que ya estaban allí mucho antes de que sus pobladores lo encontraran, y éstos las han estado utilizando para moverse usando trenes. Sin embargo, algo las está haciendo desaparecer. Un nuevo mal acecha la paz de Hyrule…

The Legend of Zelda: Spirit Tracks nos sorprendió a todos con un Link maquinista, casi tanto como nos sorprendieron en su día con un Link barquero en el inicio de esta, ahora considerable, subsaga dentro de The Legend of Zelda. Las historias de islas, piratas y barcos fantasma dan paso a un mucho más tradicional Reino de Hyrule con sus regiones montañosas y boscosas y hasta su propio castillo donde habita, como no podía ser de otra manera, la princesa Zelda.


Parece que el equipo de Aonuma está procurando sentar las bases de una cronología definida en una saga donde la secuencia en el tiempo de los juegos nunca ha estado muy clara. Hasta donde llegan mis conocimientos (a falta de probar The Minish Cap) se ha establecido una línea temporal evidente entre Ocarina of Time, Majora’s Mask, Windwaker, Phantom Hourglass y Spirit Tracks. Una buena noticia para todos los fans de la franquicia, que estamos viendo cómo con el paso de los años se está consolidando un universo coherente. Respecto a este tema recomiendo encarecidamente el visionado de la parte 6 de Zelda Retrospective, una producción de Gametrailers que es el mejor intento de reconstrucción de la cronología de la saga que he podido ver.

Volviendo al juego, Spirit Tracks repite la misma fórmula que hizo triunfar a Phantom Hourglass. Los controles son casi idénticos a los de aquél título, controlaremos los movimientos y ataques de Link con el lápiz táctil y podremos realizar útiles anotaciones en el mapa. El movimiento de rodar por el suelo ha sido levemente modificado. Se ha abandonado el impreciso método de dibujar circulitos en los bordes de la pantalla para sencillamente picar dos veces seguidas en el punto donde queramos rodar.

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El instrumento musical que tocaremos en esta ocasión se descubre a los pocos minutos de empezar la partida. La Flauta Espiritual es una zampoña con la que se nos obligará a soplar a la consola mientras cambiamos de tubo con la pantalla táctil. Una bonita forma de aprovechar las características de la Nintendo DS.

Pero la gran novedad que distingue a este Zelda de todos los demás es el manejo de trenes. Hay que indicar que existen muchos elementos comunes entre el manejo del Tren de los Dioses y el barco que manejábamos en Phantom Hourglass. Al igual que en aquél juego tendremos que defendernos del asedio de las bestias enemigas lanzando bombas y tendremos que dibujar la ruta a seguir en la pantalla. No obstante, siempre podremos alterar nuestro rumbo sobre la marcha indicando qué vía seguir en las bifurcaciones del mapa. Esta forma de transporte puede parecer aburrida en primera instancia, y de hecho puede dar esa falsa impresión en los primeros compases de juego, pero enseguida aparecen numerosos elementos que obligan al jugador a tener planificación, atención y recurrir a sus reflejos para salir indemne de varias situaciones. Además, el juego no para de sorprendernos con nuevas mecánicas de juego aplicadas a la conducción del tren que hacen que siempre sea una novedad.

No quiero extenderme más hasta haberlo jugado en más profundidad. Me dejo en el tintero hablar del sistema de cooperación con Zelda, los templos, la torre espitual… Cuando haya terminado esta excelente aventura compartiré todas mis sensaciones con vosotros. A falta de comprobar su duración y ver la conclusión de su épico guión puedo decir que es un Zelda a la altura de la saga, con todo lo bueno de Phantom Hourglass y sin sus puntos débiles (ay, ese Templo del Rey del Mar…). La generación toon de la franquicia Zelda deja atrás finalmente los mares y se centra en lo que siempre fue: una aventura por el eterno Reino de Hyrule.

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