Impresiones con Scribblenauts

Uno de los juegos más sorprendentes y aclamados del pasado E3 fue Scribblenauts para Nintendo DS. Los creadores de Lock’s Quest pretenden desafiar la imaginación de los jugadores de todo el mundo mediante un concepto tan sencillo y brillante como profundo y potente: escribes el nombre del objeto o criatura que quieras, y éste aparece en la pantalla.

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Uno de los juegos más sorprendentes y aclamados del pasado E3 fue Scribblenauts para Nintendo DS. Los creadores de Lock’s Quest pretenden desafiar la imaginación de los jugadores de todo el mundo mediante un concepto tan sencillo y brillante como profundo y potente: escribes el nombre del objeto o criatura que quieras, y éste aparece en la pantalla.

En principio, Scribblenauts es un simple juego de plataformas 2D con toques de acción. En cada uno de sus niveles tienes que alcanzar una estrellita («starite») escondida en el mapa, y para llegar hasta ella deberás usar las herramientas que consideres necesarias. Por ejemplo, si la estrella está en la copa de un árbol, puedes alcanzarla subiendo con una escalera, cortando el árbol con un hacha, usando un helicóptero… O utilizando la técnica que más le gusta a Elizabeth England, game designer del juego: llamar a un pez espada, sedarlo con un dardo tranquilizante, y usarlo de espada para cortar el tronco.

Como os podéis hacer a la idea, las posibilidades de este tipo de jugabilidad son infinitas, y dependen únicamente de la inventiva del jugador. En una charla amigable durante el pasado iDÉAME 2009, England nos comentó que un jugador difícilmente podría escribir el nombre de un objeto que no estuviera implementado en Scribblenauts, debido a que han introducido decenas de miles de ellos y a que: «cada persona utiliza solamente unas 15.000 palabras en su vocabulario, incluyendo sustantivos, adjetivos, artículos… Por eso es muy difícil que se te pueda ocurrir alguna que no esté en el juego«.


No obstante, como todo, Scribblenauts tiene sus límites. Evidentemente, la memoria es finita y no podremos tener en pantalla todos los objetos que queramos al mismo tiempo. Una barra en la parte superior de la pantalla nos indicará el margen de maniobra que nos quede en este sentido. Tampoco tendremos nombres propios de gente real ni marcas registradas, salvo alguna excepción a modo de huevo de Pascua, como el logotipo de los foros de NeoGaf.

Más allá del modo de juego principal, existe una serie de misiones que tendremos que resolver como podamos. Una de las primeras nos lleva a una clínica de oftalmología y se nos pide hacer que el paciente vea. Algunas de las miles de formas de lograrlo son ponerle gafas, ponerle un ojo nuevo en la cara, la mirilla de un rifle de francotirador…

Por si fuera poco el número de fases que incluye de serie el juego (cientos de ellas), dispondremos de un editor de niveles que nos permitirá introducir en un escenario predeterminado los elementos que queramos y colocar donde mejor nos parezca la estrella que marca el final del nivel. También podrás fijar el tipo de IA de cada personaje o criatura que invoques: que huya de ti, que sea agresivo, que te proteja…

Porque no sólo de objetos inanimados se vive en Scribblenauts. Policías, abogados, médicos, toreros, vacas, dinosaurios, minotauros, zombies… Todo tipo de persona, animal o bestia tiene cabida en el juego, y su comportamiento y las interacciones entre ellos será el esperado.

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Por último, cabe indicar que será posible crear tus propias invenciones combinando los elementos que invoques. Quizá el motor de físicas no sea tan completo como el de LittleBigPlanet, pero sí que será posible encadenar objetos entre sí para lograr efectos curiosos. Imagina montar en un globo, del que cuelga una soga en la que está agarrado un trozo de carne, para que así nos siga un león hasta donde queramos. Puede hacerse.

Scribblenauts será uno de los mejores ejemplos de la industria del modelo de «jugabilidad emergente«, cuya idea es que el jugador se encuentre en situaciones completamente imprevistas por el diseñador del juego. No es un concepto nuevo, pero sí que queda mejor definido que nunca en esta obra. Al fin y al cabo, ¿existe mayor libertad que la de un escritor frente a una hoja de papel en blanco?

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