Hacia el realismo bélico

Me pregunto hasta qué punto se pretenderá acercarse a los campos de batalla auténticos, si tanta guerra de mentirijilla llegará a su particular Valle Misterioso (Uncanny Valley) en el que sea tan cruda la visión de la guerra que nos llegue a producir asco.

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Hace poco leí que el inminente Battlefield: Bad Company 2 sería el título con gráficos más realistas de la saga. Entrando en detalles, el mejorado motor Frostbite podrá generar destrucciones de edificios más detalladas y dinámicas, y por primera vez nuestros enemigos sangrarán al ser abatidos. El equipo de desarrollo se había inspirado en imágenes de conflictos reales para mejorar la experiencia visual.

Hasta ese momento no me había parado a pensar en ese punto. A pesar de mis incontables horas desperdiciadas invertidas en Battlefield 1943 (si un tal Pelma os hace un headshot con el fusilero a 300 metros ya sabéis quién ha sido) nunca había echado en falta ver a mis oponentes sangrar. Lo cierto es que cuando estoy enfrascado en un combate no pienso en que tengo un soldado delante al que hay que matar, sino en un muñeco controlado por otro jugador al que mejor será alcanzarle en la cabeza para evitar que se lleve mis puntos.

No soy una persona sensible con la violencia en los videojuegos. Me encanta Gears of War, me fascina Fallout 3 y GTA y me lo pasé pipa con Turok 2 en su día. Pero empiezo a plantearme si el realismo en los juegos bélicos es una buena meta a perseguir.


La potente tecnología actual está al servicio de la representación gráfica más que de ningún otro aspecto de los videojuegos. Hoy en día los beat’em up y los shooters están cargados de unas mutilaciones y una cantidad de hemoglobina por píxel que habrían hecho ralentizarse a cualquier máquina hace unos años. Y no nos importa, de hecho es divertido, aunque está claro que hay violencias que nos dan igual y otras que no soportamos. No es lo mismo abatir a un monstruo con garras y dientes que a un niño pequeño.

La polémica de Modern Warfare 2 fue el último toque de atención en este sentido y sin embargo esta supuesta violencia desmedida se queda muy corta comparada con la que podría llegar a representarse en un videojuego. Al fin y al cabo, y por poner un ejemplo, el juego de Infinity Ward no muestra mutilaciones de cuerpos humanos. Una explosión de granada no reventará las extremidades de ningún soldado, y una ametralladora fija no partirá a nadie por la mitad. No quiero ponerme más gráfico, pero es evidente que en cuanto a «realismo bélico» incluso los juegos de hoy en día están muy lejos de la realidad.

Son las cosas estallando por los aires lo que nos gusta de verdad.

Son las cosas estallando por los aires lo que nos gusta de verdad.

Es por ello que me pregunto hasta qué punto se pretenderá acercarse a los campos de batalla auténticos, si tanta guerra de mentirijilla llegará a su particular Valle Misterioso (Uncanny Valley) en el que sea tan cruda la visión de la guerra que nos llegue a producir asco. Al menos espero que en el caso de que eso ocurriera, se aprovechara esta herramienta para formar una narrativa inteligente, con la que el juego sirva como mensaje de paz (llegan a mi mente los excelentes diálogos antibelicistas de Metal Gear Solid).

En un juego desenfadado como Battlefield no quiero realismo. Quiero ver acción frenética, gente saltando cómicamente por los aires como en una peli de Hollywood y niños de quince años gritándome improperios en inglés por el headset por destruir a granadazos su poderoso tanque. ¿Realismo bélico? No, gracias.

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