CryptoMines se rompe y deja en entredicho al mercado NFT

CryptoMines cerró hace unas semanas y su equipo, aunque trabaja en la secuela, ha perdido el apoyo de los usuarios.

Algunos gurús creían que pasaría antes o después. Los jugadores, cruzaban los dedos para que no pasara. Al final, se han cumplido los pronósticos más pesimistas: CryptoMines se ha roto. El juego que había revolucionado los play to earn, los juegos NFT en los que puedes ganar criptomonedas jugando, se desmontó de una forma tan dolorosa que ha resonado en toda la industria financiera. Su caída se espera que sirva como demostración de que no todo es tan fácil como parece. Para muchos, se trata del primer golpe de realidad de un mercado financiero que no respeta a nadie y que no tiene compasión: siempre ataca donde más duele.

¿Pero qué ha pasado con la Cenicienta de los NFT? A continuación, vamos a intentar desgranar elemento por elemento todo lo ocurrido. Así intentaremos llegar a unas conclusiones más o menos satisfactorias.
En alrededor de un mes, el Eternal pasó de tener un valor de unos 20 dólares a costar 300 dólares, 500, 700 y finalmente alcanzar un tope de alrededor 800 dólares. La comunidad del juego, con razón, bromeaba viendo cómo se había logrado superar el valor del BNB, la moneda que se utilizaba para pagar el gas de las expediciones y que, obviamente, tiene una mayor relevancia en el mundo cripto.

Quienes habían holdeado el token de CryptoMines, comenzaban a nadar en dinero. Podían decidir si seguir aguantando, porque había quien pronosticaba que llegaría a 1000 dólares, o vender. Los que vendieron, tomaron una buena decisión. Los que no, muchos de ellos motivados porque habían vendido sus primeros Eternal cuando la moneda estaba en un valor de entre 80-100 dólares, se arrepintieron. La mayoría de los jugadores no vendió, porque decidió reinvertir.

Era lógico: ganabas Eternal pero, si reinvertías y aumentabas tu flota, sabías que llegarías a ganar más Eternal gracias a ello. El plan parecía no tener fisuras. Claro está, todo se planteaba a un medio-largo plazo. Para que los planes salieran bien, CryptoMines tenía que aguantar, como poco, hasta enero o febrero de 2022. No obstante, no aguantó. Eso ha dejado a muchos jugadores en estado crítico. El token sufrió la acometida de una gran venta, un movimiento de ballena, y luego se creó tal FUD en la comunidad, que los jugadores comenzaron a vender motivados por el pánico. Cada venta, la moneda se devaluaba más.

En pocas horas, lo que había valido 800 dólares, pasó a valer 300. Y de los 300 la cifra siguió bajando y bajando. La comunidad se amparaba en el equipo de desarrollo del juego. Un grupo de jóvenes venezolanos, que se dice que ya se han mudado a otro país, daba la cara organizando directos de tipo AMA con youtubers conocidos en el panorama español. En ellos trataban de plantear ideas que pudieran ayudar a que el barco no se hundiera. Tenían un plan de contención preparado. Se publicó en Medium, se detalló y se explicó. Todo se supone que entraría en acción en pocos días. Pero el token siguió bajando. El Eternal no esperaba a ninguna actualización. La situación se ponía en estado crítico.

El equipo de desarrollo del juego tomó una decisión que consultó a la comunidad: aumentar la penalización de retirada a un 60%. Eso ayudaría a que los jugadores que estaban retirando a diario con un 30% de penalización o se lo pensaran o le aportaran más Eternal a la pool del juego. No parecía mala idea si no fuera porque un 40% de cientos de dólares, seguía siendo un dinero que las ballenas no estaban dispuestas a abandonar. Sabían que el barco se hundiría de todas maneras, por lo que sacarían toda la tajada posible antes de que eso pasara.

El Eternal siguió bajando y entró en barrena. Los desarrolladores introdujeron capital para intentar retrasar lo inevitable o tratar de frenarlo. Los millones de dólares que pusieron de su parte de beneficios se esfumaron a las pocas horas: las pirañas estaban devorando la presa y no había marcha atrás. El token siguió bajando ante la atónita mirada de muchos jugadores que se encontraban en shock sin saber cómo reaccionar. Y, después de eso, llegó la catástrofe: la pool se paralizó, el juego cerró sus puertas y todo acabó. Quedaba lo que quedaba en la pool. Nada más. Si no vendías, sería tarde. Tenías que vender, fuera el valor que fuera el que obtuvieras por ello. El Eternal bajó tanto que muchos de los jugadores tuvieron que vender cuando costaba 3 dólares. Su valor, una semana antes, había sido de 800 dólares. La mayor catástrofe que se haya visto recientemente en los juegos NFT.

Las flotas creadas, cientos de ellas, se quedaron sin poder hacer expediciones. No había Eternal en la pool, así que el juego no podía pagar a nadie. Se acabó, fin de la historia. Luego llegó la venta del token (de uno de los dos) de CryptoMines Reborn. Un auténtico desastre. El eco de la crisis de CryptoMines resonó en una venta en la que los traders destrozaron la poca confianza que quedaba por el proyecto que representa el juego. Se promete que volverá y que lo hará con más fuerza, posiblemente con una filosofía de juego que no sea solo hacer clics. El team sigue adelante, pero sus seguidores no tanto. El mercado de los juegos NFT no es cosa de niños. Se puede ganar, pero también se puede perder todo.

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