Big Surf Island: el DLC como poción de la eterna juventud

En buenas manos, el contenido descargable se presenta como un periodo de creación menos encorsetado donde el equipo de desarrollo, de forma más relajada, puede poner en práctica las ideas más descabelladas.

El DLC de Burnout Paradise, todo un ejemplo a seguir

El DLC de Burnout Paradise, todo un ejemplo a seguir

La realización de un juego suele ser un largo y fatigoso (no pocas veces tortuoso) camino que puede quemar a un equipo de desarrollo: La presión de inalcanzables fechas de entrega, ataques de estrés, cambios inesperados en todas las fases del proyecto, problemas de financiación, promoción del título por los principales medios antes, durante y después de que este salga a la venta, etc.

Una vez las aguas han vuelto a su cauce toca observar la repercusión en la crítica y la acogida por parte del público. Una evolución favorable de las ventas pone sobre el tapete dos principales opciones: Continuar inmediatamente con el desarrollo de una nueva entrega o crear contenido descargable que alimente el mundo de esos personajes que acaban de comenzar a andar.

En buenas manos, el DLC (contenido descargable) se presenta entonces como un periodo de creación menos encorsetado donde el equipo de desarrollo, de forma más relajada, puede poner en práctica las ideas más descabelladas.

Todos recordamos los meses siguientes a la salida de Burnout Paradise. Desde Criterion anunciaron nuevos contenidos en forma de nuevas pruebas, la integración del ciclo día/noche o la inclusión de motos en las carreras. No se trataba de vulgares añadidos sino de expandir la jugabilidad y las fronteras del juego original. ¡Todo un tesoro puesto a nuestra disposición de manera gratuita!. ¿Dónde estaba el truco?.

La respuesta es sencilla y compleja a la vez: No había truco y sí había truco. El excelente trabajo de Criterion ha mantenido vivo a Burnout Paradise durante más de un año, todo un logro en un mundillo donde la novedad es la moneda de cambio. Por un lado ha permitido refrescarse al equipo detrás del juego y por otro ha hecho que se formara una sólida comunidad alrededor de su título. Ha sido también una forma de frenar un hecho que pone de los nervios al conjuto de creadores y distribuidores: El mercado de segunda mano. ¿Por qué vender un juego si dispongo continuamente de nuevo material que me permite sacarle partido?.

La última expansión, Big Surf Island, pone a nuestra disposición una isla adyacente al enorme mapa original donde, con la inclusión de nuevos vehículos, se nos permite ‘hacer el cabra’ como nunca en un entorno más exagerado (esos saltos imposibles) y desenfadado. Este nuevo contenido ya es de pago. Ningún problema, el respeto que se ha ganado la compañía con su buen hacer ha creado una legión de fieles que responderá sin pensárselo a esta nueva llamada. Bien por Criterion.



Big Surf Island convierte en recatadas las tropelías realizadas en Burnout Paradise

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