La revolución cultural de los videojuegos

La cultura de los videojuegos es un término que utilizamos habitualmente en el blog pero es cierto que en el día a día, con la vorágine de noticias y nuevos títulos, pasa desapercibida la actividad que venimos realizando. A nivel general es como si todas las actividades humanas que se realizan en torno a los videojuegos no tuvieran importancia o fuesen invisibles ante otros medios de comunicación social. Sin embargo, es particularmente importante ante la creciente proliferación de ordenadores y videoconsolas en hogares que hace algunos años no se planteaban dar el salto a “informatizar” la vivienda. Y es que se ha pasado, casi sin darnos cuenta, del ordenador o videoconsola con la que el “niño” de la casa jugaba, a tener una especie de vivienda virtualizada (tal y como vaticinaba el señor Bill Gates hace algunos años).

secondlife_1.jpgEl punto de encuentro de personas y empresas ha dejado de ser la plaza, el bar o la iglesia para convertirse en el portal de internet en el que, además, podemos acceder a todo tipo de información. Buen ejemplo de ello es Second Life. La cultura de los videojuegos no sólo se caracteriza por haber arrastrado las dimensiones de trabajo y juego, pero son las dos claves que la han introducido como estandarte de la cultura de la globalización. Un intento de reventar el sistema desde dentro, al fin y al cabo, la red es el mejor lugar en el que poder realizar distintos actos subversivos, un lugar sin existencia física sobre el que se tienen sentimientos de pertenencia y propiedad. Jugar se convierte en un acto social de capital importancia.

De esta manera, buena parte de nuestras experiencias del día a día tienen lugar alrededor de un ordenador o de la tecnología desarrollada gracias a su uso. Efectos especiales de cine, personajes virtuales, videojuegos espectaculares pero también el e-mail, la búsqueda de información en internet. Después de todo, las actividades de diario que realizamos los diferentes humanos que poblamos el planeta son matizadas por variables como la raza, la edad, el país de pertenencia, el género. Los más avispados se habrán dado cuenta de que hemos eliminado de un plumazo la variable “clase social”; la red no distingue de cunas o familias. Y ese es el logro que tenemos que apuntar a la defenestrada cultura de los videojuegos: ha eliminado las clases sociales. Y, de paso, varios paradigmas sociopolíticos al uso.

videojuegos.jpgSomos nosotros, los usuarios, los responsables de rescatar la problemática historia de los videojuegos y su evolución hasta colocarla en el lugar que merece. Siempre asociada al desarrollo tecnológico militar, a contenidos violentos y sangrientos, a un modelo consumista depravado. No hay que perder de vista que los videojuegos arrastran a un importante número de programadores, diseñadores, científicos y artistas que están realizando un trabajo ímprobo que suele ser menospreciado por los medios de comunicación generalistas a la vez que no llega a toda la población.

Los videojuegos actuales son fiel reflejo de la cultura popular y de la fascinación intrínseca al ser humano desde su proceso de autoconciencia. De ahí que no deje de ser un acto hipócrita las críticas que ciertos títulos han recibido en los últimos tiempos. Sociólogos y antropólogos están de acuerdo en que los videojuegos proporcionan al ser humano una vía de escape, una fantasía, un lugar seguro en el que explorar nuestros propios miedos y deseos en un mundo bastante simple todavía si lo comparamos a la vida real. Los videojuegos tienen fundamentalmente un componente social de interacción y comunicación, representación de lugares y cosas, metas que conseguir, autonomía que desarrollar en un marco de equidad con respecto al resto de jugadores.

videojuegos_1.jpgJugar es un acto social, y las experiencias de juego online nos permiten tener una localización en la que desarrollarnos. Según esto, los artistas y programadores deberían encontrar un camino en el que teorizar sobre el impacto de la cultura de los videojuegos, así se puede cambiar el mundo y reconducir la historia hacia la igualdad social, cambiar la participación política de los ciudadanos, cambiar las reglas de juego económicas hacia la justicia. Esta debe ser la contribución esencial de los videojuegos en el futuro: crear alternativas de vida que tengan como base la participación social, ofrecer lugares de encuentro en los que compartir información y vivencias. Los videojuegos pueden cambiar el mundo, por eso nos gustan tanto

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