Jugar a videojuegos es como ver películas

jugar videojuegos es ver cine

A lo largo del pasado S.XX se cultivó el cine con mucho cariño, el séptimo arte lo llamaron entonces. Una ingente cantidad de personas como tu y como yo sintieron pasión por este nuevo arte, aparecieron los cinéfilos, encerrados durante horas y días en su cuarto (o en las salas, antes de la aparición del VHS), viendo películas, empapándose de todo lo que tienen que aportar a nuestras vidas. Ahora son los videojuegos los que ocupan numerosas horas de la vida de muchos de nosotros, pero jugar a un videojuego no está visto de la misma manera que ver una película, ni tampoco está considerada una actividad artística la creación de dichos videojuegos.

Hace poco veíamos como Quantic Dream (desarrolladora de Heavy Rain) daba a conocer su último cortometraje «Kara» realizado sobre el motor de la PS3 en tiempo real. Hace algo más de tiempo vimos también como algunas productoras independientes nos habían puesto delante de nuestras narices algunas obras que estaban a mitad camino entre el cine y los videojuegos (como Dear Esther). Estos ejemplos son algunos de los que dejan en buen lugar a este arte de los videojuegos, el cual es un paso más hacia un arte total, que suma al cine la interactividad.

Las personas que no disfrutan de los videojuegos normalmente los desprecian o no los valoran. Son cosa de «frikis» o de adolescentes o de sin-vidas. Son productos, son ocio, no hay arte, no hay creación, no aportan nada a la vida, solo te hacen perder el tiempo. Sin embargo, lo que ya estamos viendo hoy en día es que los videojuegos son productos de autor muchas veces (recordamos a Hideo Kojima –Metal Gear-, a Hironobu Sakaguchi –Final Fantasy-, Fumido Ueda -ICO-), y que se compone de imagen, de música, de montaje, de narración, de interpretación y de interacción.

Jugando a la consola

Jugar a videojuegos es como ver películas. No hay diferencia, creces igual, aprendes lo mismo. Como en todo arte lo importante es consumir obras de calidad. Ver películas de cartel blanco es igual de nocivo que jugar al shooter de turno, o al juego de carreras de turno, a cualquier mmorpg de turno o a cualquier título deportivo que no destaque realmente. Pero ver buenas películas es como jugar a buenos videojuegos. Obras que si bien en su principio aprendieron del cine (sobretodo) para formar su diálogo -al igual que el cine se inspiró en el teatro en sus comienzos- actualmente son fuente de inspiración y criadero de nuevas técnicas audiovisuales para enviar los mensajes, nuevas formas de dialogar, de mostrar la imagen y el sonido.

Cada día más veo como es el cine y NO el videojuego el que se queda estancado en la casilla de la salida, que cada año el cine intenta llegar donde ya ha llegado antes su joven hermano el videojuego.

FOTO │ Scoop

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