Quiénes son los famosos que compran seguidores para inflar sus cuentas

Ser famoso en la actualidad no es solo poder desfilar por una alfombra roja, salir en programas de televisión, protagonizar películas o lanzar canciones que arrasan en Spotify o YouTube.

Ser famoso en la actualidad también implica ser «influencer», o lo que es lo mismo, tener miles o millones de seguidores en redes sociales que estén al pie del cañón ante cada publicación. Así es el siglo XXI, así funcionan las redes y así ha nacido el negocio de la compra y venta de seguidores.

Puede que conozcas a algún amigo o familiar que haya experimentado alguna vez con estos negocios y puede que pensaras que no son algo útil. Pero nada más lejos de la realidad, incluso las grandes celebridades han comprado seguidores para inflar sus cuentas. A algunos les han pillado, y vamos a hablar de ello, pero que apuesten por ello deja clara la importancia de la cifra de «followers» en Twitter, Instagram o TikTok a día de hoy. Los números mandan, y más en RRSS.

¿Cuáles son los casos más sonados de famosos comprando seguidores?

No es algo de lo que presuman, pero varios estudios han destapado la verdad. Muchas de esas celebrities que seguimos en redes han recurrido a la compra de seguidores para poder presumir de cuentas millonarias. Actores, cantantes, famosos en general… En todos los terrenos han caído en el canto de sirena de esas empresas que prometen tener unas cifras que atraigan los ojos ya no solo del público, sino también de las marcas. Porque la clave de las redes sociales es acumular seguidores para poder trabajar con marcas.

Pero, ¿realmente se puede hacer compra de seguidores? Sin ir más lejos, en el mercado español, existen sitios web como Comprar Seguidores, donde es posible comprar seguidores Instagram a razón de mil por tan sólo €9. Para los influencers más ambiciosos, cien mil seguidores pueden obtenerse por €523. Cuando ya se maneja cierta audiencia se dispone de dinero de sobra para hacer esta última inversión, lo que puede llevar a sumar un millón de seguidores por unos 5.000 euros aproximadamente. Un precio que, para artistas de gran calibre, es una nimiedad.

Y por eso, seguramente, figuras como Hande Erçel, Gal Gadot (conocida por ser la Wonder Woman moderna del cine) o incluso Zendaya (celebérrima por sus papeles en las nuevas películas de Spider-Man como MJ o incluso en la nueva Dune), han empezado a estar en el punto de mira. ¿Envidia? En absoluto. Más bien, comportamiento extraño entre sus seguidores. Patrones de comportamiento en Instagram y otras redes que dan a entender que no son perfiles reales, sino bots diseñados para engordar sus números.

En el caso de estas dos estrellas de Hollywood, la anomalía se ha detectado en un 25% aproximadamente de sus seguidores de Instagram. Son los casos que más llaman la atención, pero no los únicos. Otros perfiles con entre 1 millón e incluso 100 millones de followers suman miles de cuentas que parecen bots. Entre ellos, cantantes como Demi Lovato, Justin Timberlake, Katy Perry, Nicki Minaj o incluso Miley Cyrus. La media, tras la realización del estudio, habla de un 27% de falsos seguidores en las cuentas de Instagram de los famosos de mayor renombre del mundo.

Las marcas más famosas también lo hacen

Hemos hablado de influenceres, de cantantes, de actores y de miembros del estrellato en general. Sin embargo, no son los únicos perfiles de gran calibre con actividad extraña entre sus seguidores. Las grandes marcas también han recurrido a estas herramientas para gozar de más presencia en redes sociales, y no termina de sorprender, porque es el tipo de estrategia que les ayuda a ganar más alcance al mandar a los algoritmos la señal de que sus publicaciones tienen movimiento y son interesantes para el mundo.

Empresas como Victoria’s Secret cuentan con seguidores falsos, aunque en ese saco también hay que meter a marcas de comida rápida como KFC o Pizza Hut. Incluso otras como Wendy’s, Subway o Burger King albergan esas señales que dan a entender la presencia de bots. En algunos casos, hablamos de que el 30% de las cuentas que les siguen podrían ser, simplemente, perfiles creados para dar relleno. Eso se traduce, en el caso de Pizza Hut por ejemplo, en casi 600.000 usuarios.

Todo, como decíamos, con el fin de presentar cantidades grandes con las que imponer a los usuarios. Se ha demostrado que, ante un perfil con un mayor número de seguidores, un usuario es más propenso a pulsar el ansiado botón de «follow», lo que provoca un continuo círculo vicioso que no hace más que dar crecimiento a estos perfiles.

¿Una práctica correcta?

Lo cierto es que los términos de uso de Instagram son muy específicos con estos casos. Concretan que no se debe hacer que los «likes» o «me gusta», el total de veces que se comparte contenido o el número de seguidores aumenten de forma artificial. Apoyan la naturalidad, el crecimiento orgánico, aunque su algoritmo no hace más que premiar a quienes se decantan por la vía rápida y sencilla.

Los responsables de la red social aseguran que su intención es que premie el contenido de calidad, genuino y relevante. Sin embargo, y aunque indiquen eso en sus condiciones, la realidad es que no estamos ante algo ilegal ni algo que logren detectar con precisión. ¿Qué significa esto? Que cualquiera que utilice servicios de compra de seguidores con cabeza y estrategia puede dar pie a un perfil de Instagram totalmente famoso. Y quien dice Instagram, dice prácticamente cualquier otra red social.

Eso hace que webs como Comprar Seguidores entren rápidamente en el punto de mira de todas aquellas personas que quieren hacer de las RRSS un lugar donde intentar generar un negocio. Dan la facilidad de crecer rápidamente en estas plataformas, sin repercusión negativa. Y eso, en tiempos en los que las redes son clave para la comunicación y la relevancia dentro y fuera de internet, abre una puerta de lo más tentadora. Si lo hacen las celebridades, ¿por qué no cualquiera?

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