Los microchips ya se implantan debajo de la piel

Un chip de pequeño tamaño instalado debajo de la piel puede ayudar a que los procesos de identificación se resuelvan de forma dinámica en cuestión de segundos.

Microchips en la piel

Hay noticias que pueden, todavía, sonarnos a ciencia ficción. Es irremediable pensar en series de televisión y películas cuando descubrimos que en Suecia ya se están implementando chips bajo la piel de los empleados de un complejo para que sean utilizados a la hora de acceder al edificio. Es el alto nivel de seguridad que se han comprometido cumplir los empleados que trabajan en el edificio Epicenter, donde se busca innovar y utilizar las últimas tendencias del sector.

El chip, que es de tipo RFID (identificación por radio frecuencia), ha sido diseñado por el equipo de investigadores del Swedish Biohacking Group y aunque de momento está siendo probado, es posible que sirva de inspiración para otros casos similares en los que se busca alcanzar el mayor nivel posible de seguridad a nivel de acceso. Lo interesante es que los empleados a los que se les instala el chip no solo tienen la oportunidad de identificarse para acceder al edificio, sino que este componente colocado en su piel les proporciona acceso e interacción con otros elementos del complejo.

Es justo en esto en lo que se intenta innovar por todos los medios posibles, con el objetivo de que la instalación del chip se vea compensada con nuevas ventajas. De momento cuentan los científicos que además de la identificación en el acceso al edificio también se puede usar el chip ya en otros lugares, como a la hora de utilizar las fotocopiadoras de la oficina.

El grupo de responsables del proyecto va más allá y dice que entre sus planes cercanos se encuentra la posibilidad de utilizar el chip con el objetivo de realizar pagos en el entorno del complejo. Es decir, cuando un empleado visite la cafetería de la oficina no tendrá que pagar en efectivo o sacar su tarjeta de crédito, sino que el propio chip le identificará por su persona y la operación se realizará a través del mismo, de una forma fluida y sencilla.

La buena noticia a la hora de pensar en lo que supone llevar un chip bajo la piel es que el tamaño de este es minúsculo. Aún es un programa piloto y no algo que se haya implementado de una forma completa. Se intenta que todos los empleados del edificio se comprometan con esta idea y se transformen en los primeros usuarios del chip, del tamaño de un grano de arroz e instalado en la mano. Por ahora aún se está probando su efectividad y aunque las opiniones son diversas, tanto positivas como negativas, parece que al final llegará a buen puerto.

Vía: BBC

Foto: Blake Patterson

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