25 años de una consola inolvidable: Nintendo 64

Nintendo 64 celebra su 25º aniversario y recordamos los tiempos en los que disfrutamos de la consola por primera vez.

Este es uno de esos días en los que te sientes viejo, pero no tanto. Han pasado 25 años desde Nintendo 64, una época en la que muchos de nosotros todavía éramos jóvenes estudiantes que no tenían dinero propio para permitirse adquirir un hardware como este. Cuando Nintendo 64 llegó, lo hizo arrasando de una manera gloriosa, demostrando porqué Nintendo era Nintendo. Mientras sus rivales apostaban por los CD y se exponían a la piratería, Nintendo seguía con los cartuchos en una decisión cabezona, pero justificada con la intención de proteger su volumen de mercado.

PlayStation y Saturn, sobre todo la consola de Sony, se vieron beneficiadas por la piratería. Nadie quería reconocerlo, pero el volumen de ventas del hardware de Sony fue extremadamente alto debido a la facilidad de ponerle el “chip”. Esto pasaba factura a las ventas de software, pero vendía consolas como nunca. Nintendo, se mantuvo con el cartucho porque sabía que así no se tenía que preocupar de la piratería y, por otro lado, sabía que vendería consolas a destajo porque, en definitiva, ellos eran Nintendo.

Nintendo 64 estuvo en desventaja en términos de potencia, licencias y capacidad, pero eso no impidió que se convirtiera en la consola a la que todos recurríamos para experiencias inolvidables o sesiones multijugador. En esto último la máquina de Nintendo fue la mejor. La combinación de solo dos cartuchos, el de Mario Kart 64 y el de GoldenEye 0007, podía dar entretenimiento para fines de semana gloriosos con los amigos.

En mi caso, mi primer contacto fue con Nintendo 64 poco después de lanzarse en Japón (junio de 1996) y antes de su llegada a Europa (marzo de 1997). La tienda de importación de la ciudad trajo unidades de la máquina que triunfaron y cautivaron a los jugadores de una manera espectacular. Todo el mundo la quería probar. En el expositor de esa tienda pasábamos las horas jugando a Mario 64, buscando estrellas y viviendo aventuras. La exploración era tan satisfactoria que no podías dejar de moverte por el mundo del fontanero, de dar saltos y de practicar el triple salto sin razón, porque sí. Hasta te lo pasabas bien estirando la cara del personaje en el menú principal viendo de lo que era capaz la consola (eso en su tiempo era una barbaridad técnica para nosotros).

Después de mucho esperar, llegué a tener la suerte de poder llevarme la consola un fin de semana a casa. Eso fue la gloria. Una noche de sábado, el domingo correspondiente en el cual la tienda no necesitaba la consola, y su devolución el lunes a primera hora. Una experiencia inolvidable, satisfactoria, horas y horas bebiendo cafeína sin parar y jugando con Mario hasta que se me cerraban los ojos fruto del cansancio. En esos tiempos, las consolas japonesas necesitaban un transformador enorme para cambiar la corriente eléctrica y todo resultaba un poco aparatoso, ya que la televisión también exponía a que la imagen se viera en blanco negro por el cambio de señal RGB.

Ese fin de semana fue absolutamente épico. Posteriormente llegaron otros juegos que aumentaron la diversión. El más importante fue Mario Kart 64, que aún hoy día se trata de mi entrega favorita de la saga de karts por mucho que haya jugado horas y horas a todas ellas (incluso a los arcades). En aquel tiempo, pasábamos las tardes y los fines de semana jugando en pantalla partida a cuatro jugadores, aprendiendo atajos, dominando las pistas y descubriendo los momentos más sensibles en los que lanzar los ataques (como cuando tus rivales estaban en un gran salto y pegabas el trueno para que se fueran al vacío). Con Mario Kart 64 la diversión fue constante e incluso rejugándolo hoy día nos lo pasamos genial. Es un juego por el cual no pasa el tiempo y que sigue siendo perfecto.

La salida de GoldenEye 007 supuso otro de los momentos clave en la historia multijugador de Nintendo 64. Hasta ese momento había jugado mucho en LAN a títulos como Duke Nukem, pero la llegada de una experiencia como la de 007 era algo inesperado. El juego estaba desarrollado con gran habilidad y de forma que cualquier tipo de jugador pudiera terminar dominando los combates en primera persona. Se han visto pocos títulos tan perfectos como este dentro de su categoría de shooter, en especial basados en una licencia (ya sabemos qué suele ocurrir con los juegos “de película”).

Hubo otros juegos que también me aportaron un nivel de diversión extremo. Star Fox 64, por ejemplo, tuvo algunos de los mejores enfrentamientos de naves que se hayan visto en una consola. Continúa siendo uno de los juegos de shoot’m up de mayor calidad, con esas vibraciones que hacían que te pareciera que estabas recibiendo disparos de tus rivales por la espalda. Se creaba una gran ambientación y las batallas llegaban a tener un calibre tan elevado que acababan siendo épicas.

Como fan de la lucha, para mi Killer Instinct Gold fue otro de los juegos imprescindibles. La fluidez y velocidad de los combos y enfrentamientos lo convirtió en uno de mis títulos favoritos. Podía pasar horas avanzando y derrotando rivales hasta acabar el juego con todos los luchadores. Y cuando llegaba el momento de los combates contra otro jugador, la diversión aumentaba todavía más. El trabajo que realizó Rare en Nintendo 64 fue espectacular.

Por supuesto, The Legend of Zelda: Ocarina of Time marcó un antes y un después para los amantes de los RPG, mientras que Majora’s Mask continuó la trayectoria con mucha eficacia. Ambos títulos se han convertido en pilares fundamentales de los juegos de rol y, buena muestra de ello, es que hayan sido recuperados con el paso de los años en otras consolas. Pero todo el mundo jugó a Zelda, así que querría seguir mencionando títulos que para mí fueron especiales y que se salen un poco de lo normal.

Por ejemplo, Blast Corps no fue uno de los juegos más populares de Rare, pero tenía una jugabilidad endiabladamente divertida y de gran adicción. Había que destruir, ¿Y a quién no le gusta destruir? Teníamos que destruir edificios y dejarlo todo demolido, aunque la partida se iba complicando a medida que avanzábamos. Nos gustaba que se pudiera ajustar el punto de vista y que los controles estuvieran tan bien afinados al mando de Nintendo 64.

Los últimos juegos que voy a mencionar, aunque hay muchos otros imprescindibles, incluyen Paper Mario, que representa uno de los mejores títulos del fontanero existentes, Perfect Dark o el juego de shooter de South Park, que llegó un momento en el cual la serie se encontraba en lo más alto y todos queríamos jugarlo para seguir con las risas.

De Nintendo 64 también hay que aplaudir su mando, el cual tenía forma extraña, pero que se ha acabado convirtiendo en uno de los que recordamos de mayor comodidad. Son muchos los motivos por los que tenemos momentos de nostalgia recordando los buenos tiempos que vivimos con Nintendo 64. Tanto que hasta hemos visto con interés una de las consolas en las estanterías de tiendas de segunda mano. ¿Y si no la compramos para volver a disfrutar de esas partidas? Posiblemente no sea lo mismo. Tuvimos suerte de vivir esos tiempos cuando hubo que vivirlos, recuerdos imborrables de infancia que nos marcarán para siempre.

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