Frágil

Hace cosa de dos semanas salí a dar una recorrida con dos cámaras en el bolso: una antigua cámara TRL de formato medio para hacer las tomas, cuyo mecanismo (incluso su fotómetro de selenio, naturalmente) prescinde de energía eléctrica alguna; y una DSLR para fotometrear la escena y hacer snapshots de prueba (se sabe que los fotómetros de selenio pierden capacidad de medición con el paso del tiempo -consecuentemente uno que fue fabricado hace cincuenta años atrás no es muy de fiar- por lo que el avanzado fotómetro de la digital permite obtener valores mucho más precisos para las exposiciones). Entonces, como decía, saqué la DSLR, y cuando me disponía a medir la escena me encontré con que la cámara no encendía a pesar de mover una y otra vez el switch de encendido. ¿Falta de energía? Imposible, la batería estaba recién cargada y correctamente puesta en la cámara. Por las dudas la retiré de la cámara, y volví a introducirla con más cuidado que nunca. ¿Batería averiada, por esas casualidades? Quizás. Fue lo único que se me ocurrió en ese momento, y la única forma de averiguarlo era volver a casa y probarla con las dos baterías adicionales que tengo. De todos modos me animé a hacer las tomas sin fotómetro alguno, usando valores intuitivos de velocidad y diafragma… Y como temí durante todo el camino de vuelta, la cámara digital nunca más mostró señales de vida, con ninguna de las tres baterías.

¿Qué habré hecho de malo como para que le suceda esto a la cámara? Nunca un golpe, siempre el mejor de los cuidados. Con un sentimiento de desconcierto a cuestas, lo primero que hice fue buscar data en la web para ver si encontraba alguna falla conocida del modelo de DSLR en cuestión. Evidentemente, no era el único al que un buen día la cámara le había dejado de funcionar de un momento al otro sin causa aparente. Si hasta hubo un comunicado oficial por parte del fabricante, de las posibles fallas en ese modelo… Mala suerte, quizás demasiada. Entre tantas noticias de malfuncionamiento de CCDs, baterías, y hasta objetivos, que no son casos aislados, no me sorprende que estas cosas sucedan y que sigan sucediendo cada vez con más frecuencia.

Ahora sólo resta esperar. Llevarla al service oficial, esperar el diagnóstico, y sobre todo rezar por mi bolsillo. Esperar uno, dos, tres meses, quién sabe, hasta que pueda volver a usarla. Y mientras espero, tendré que volver de pleno a la vieja usanza. Tener cámaras analógicas y un escáner dedicado para película, ciertamente me está siendo de gran ayuda para poder seguir tomando fotografías a diario y digitalizarlas imágenes para publicación en la web. Porque resulta que aquello no era sólo nostalgia o romanticismo.

Y para ir terminando este relato, a riesgo de que Mariano y Lucas terminen echándome a los tortazos :O de este blog que precisamente trata de fotografía digital, y en contra de todos los pronósticos habidos y por haber enunciados en la fotografía actual, finalizaré este post con una frase con la que siempre simpaticé y que ahora -al menos para mí- cobra más sentido que nunca: Damas y caballeros, ¡larga vida al celuloide!.

Update: Parece que esta vez tuve suerte. Como mucha gente, a la cámara me la hice traer de afuera (desde Japón) a través de un conocido ya que me ahorraba unos cuantos cientos de dólares de ese modo. Después de mandar faxes por aquí y por allá, Udenio (representante oficial de Nikon en Argentina) me la va a reparar sin cargo, todo un milagro tratándose de una cámara con la garantía vencida y comprada en el exterior. Moraleja: compren cámaras dentro del país, en sus respectivos representantes oficiales… Puede que haya que pagar un poco más al momento de la compra, pero sólo de esa manera tendrán la tranquilidad que frente a cualquier falla futura de fabricación, podrán reponer la cámara defectuosa sin cargo (como leí en varios foros argentinos) o a lo sumo, obtener una reparación gratuita por gente que entiende del tema.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...