Cámaras rangefinder, cámaras telemétricas

Epson RD-1 Leica M8
Hace un poco más de dos años, Epson tuvo el mérito de desarrollar la primera cámara digital rangefinder (telemétrica) del mundo, hasta que hace unos meses Leica hizo lo suyo lanzando al mercado su primera cámara digital de este tipo, la M8. No voy a escribir acerca de las características particulares de esta cámara que ya ha sido descrita y evaluada por infinidad de sitios sobre equipamiento de fotografía; más bien mi intención será ponerme a delinear a rasgos generales lo que constituye una cámara telemétrica, un texto dirigido sobre todo a los lectores más jóvenes que como yo, han crecido en un mundo dominado por cámaras SLR.

UN POCO DE HISTORIA

Las cámaras rangefinders o telemétricas hicieron su aparición por vez primera allá por 1920 de la mano de Leitz Camera (Leica). Desde que Kodak popularizó la fotografía a finales del siglo XIX, las cámaras compactas de aquel entonces eran del tipo «apunta y dispara», que contrastaban en tamaño y prestaciones con aquellos otros grandes armatostes de placas de gran formato. Esas cámaras compactas eran accesibles al común de la gente pero las mismas estaban muy lejos de poder sustituir a las «complicadas» cámaras de mayor formato, en lo referente a su fiabilidad, control de imagen y calidad de reproducción. En ese contexto se hicieron presentes las cámaras telemétricas, constituidas por un cuerpo de cámara sólido, compacto y fácil de manejar, y por una serie de objetivos con ópticas de alta calidad. El hecho de poder controlar el enfoque y la exposición con precisión con una cámara compacta sin dudas fue todo un avance en el campo de la fotografía. Asimismo, estas cámaras comenzaron a emplear un tipo de película con mayor definición a las utilizadas por las pequeñas Kodak: nada más ni nada menos que las de formato 135 (o 35mm), las mismas que todos conocemos y que seguramente también llegamos a utilizar hasta la llegada de la fotografía digital.

Por esa época, las grandes compañías alemanas (como Leica, Rollei, Contax, etc. y su mayor proveedor de ópticas, Carl Zeiss) dominaban el mercado fotográfico con sus maravillas mecánicas, pero luego de la derrota sufrida en la Segunda Guerra Mundial perdieron todos los derechos de patentes y las empresas japonesas irrumpieron en el mercado copiando sus diseños y estableciéndose como serios competidores. La Nippon Kogaku (Japan Optical Company) fue la responsable de desarrollar instrumentos ópticos para el ejército nipón durante la guerra, pero llegada a su fin, decidió dedicarse a la fotografía popular y cambió su nombre por el de Nikon, dando comienzo al desarrollo de su línea de cámaras telemétricas y objetivos. Casos similares fueron el de Olympus Kogaku y Seiki Kogaku (más tarde Canon), que también venían copiando los modelos de Leica desde la década de 1930.

El ejército de ocupación norteamericano en Japón y numerosos fotoperiodistas tomaron contacto con estos nuevos desarrollos y la voz no tardó en correr: se trataba ni más ni menos que de productos fotográficos con una calidad similar al de los alemanes, por un precio notablemente inferior. Durante la Guerra de Corea (comienzos de los 50’s) muchos se cruzaban a Japón para dotar a sus Leica y Contax telemétricas de objetivos Nikon. Podría decirse que allí surgió la mundialmente afamada reputación de esta compañía japonesa.

Por otro lado, Carl Zeiss no sólo se dedicó a desarrollar el campo de la óptica, sino que también introdujo el concepto de cámara SLR (reflex) en 1932. Dieciséis años después, luego de finalizar la guerra, la empresa Contax presentó el primer modelo de cámara reflex: la Contax S. En los años posteriores, los japoneses dejaron de fabricar paulatinamente cámaras telemétricas y se volcaron aceleradamente al desarrollo de cámaras SLR, hasta el punto de copar el mercado masivo fotográfico. Llegado a este punto, las grandes marcas germanas tenían sus días contados como líderes indiscutibles en fotografía: muchas de ellas no lograron superar el cambio y terminaron desapareciendo, como en el caso de Voigtlander. Algunas lograron sobrevivir al paso del tiempo gracias a la cuidadísima calidad de sus productos y altos estándares de fabricación y control, y, como en el caso de Leica, fueron concentrándose cada vez más en nichos reducidos dentro del mercado fotográfico.

RANGEFINDER VS SLR

Las cámaras telemétricas o rangefinders poseen un conjunto de características propias que la diferencian claramente de sus primas SLR. Lado a lado, ambos sistemas tienen sus ventajas y desventajas.

Podría decirse que tanto sus cuerpos como sus objetivos son de un tamaño reducido comparado al de las reflex, y su arquitectura y construcción posibilitan diseños ópticos de alta calidad en un espacio compacto. En este sentido su campo de acción es más acotado, ya que suelen tener un desempeño increíble con gran angulares pero, por otro lado, la máxima distancia focal en el campo de los teleobjetivos raramente supera los 135mm. Tampoco suelen existir objetivos con zoom, salvo en el caso de la Contax G2 y su 35-70mm. A lo sumo existen lentes «multifocales» como el caso del Tri-elmar (y el más reciente Tri-Elmar-M desarrollado en plena era digital), que posee tres distancias focales definidas, no continuas. Pero lo que suele mandar en el campo de las telemétricas son los objetivos de distancia focal fija, que se sabe, desempeñan mejor que cualquier objetivo con zoom (por más moderno que sea) en cuanto a nitidez, aberraciones crómaticas y distorsiones varias, y por lo general la distancia mínima de enfoque suele ser mucho menor. El sistema de enfoque de los mismos también suele ser manual: la ausencia de autofoco no la hace muy adecuada para foto de acción.

Las cámaras telemétricas son de visor directo y no «miran» a través del objetivo como lo hacen las SLR. El enfoque se realiza mediante un sistema óptico que permite calcular la distancia del motivo a fotografiar, basándose en el principio matemático de la triangulación. A este dispositivo de enfoque precisamente se lo denomina telémetro, y en su parte céntrica podremos observar una imagen doble desplazada que sólo coincidirá cuando el objetivo esté correctamente enfocado.

El hecho de no «ver» a través del objetivo tiene sus ventajas: el visor de las telemétricas ofrecen una imagen clara y luminosa, lo que permite un enfoque certero en condiciones de escasa iluminación sin importar la apertura máxima del objetivo que tengamos montado en la cámara. Por otro lado, su visión se extiende más allá de las líneas de encuadre facilitando la composición: en las reflex, salvo en el caso de la gama alta que alcanza a cubrir el 100% del fotograma, comunmente sólo puede observarse un 92-95% del mismo. También está el tema de la visualización de la profundidad de campo: en las reflex se aprecia claramente en el visor debido a que el enfoque se realiza con los objetivos a plena apertura; en cambio las telemétricas suelen mostrar una imagen con una profundidad de campo mayor a la que poseerá la imagen tomada.

Las cámaras telemétricas a su vez poseen un mecanismo mucho más suave y silencioso que el de las reflex. Por un lado, la ausencia de espejo y otras piezas móviles inherentes al sistema SLR producen menos vibraciones en la cámara, lo que permite trabajar con velocidades más lentas y evitar las fotos borrosas por tal razón. Por otro lado, la ausencia casi absoluta de ruido al tomar la foto, sumado a los reducidos tamaños de cuerpos y objetivos, a menudo permiten hacer tomas con gran discreción.

CONCLUSIÓN (BREVE Y APRESURADA)

Llegado a este punto seguramente podrían preguntarse si las cámaras telemétricas son «mejores» o «peores» que las SLR. Ni una ni otra: cada fotógrafo según sus preferencias y tipo de fotografía que realiza, se decantará por uno u otro sistema. Claro que además del análisis se necesita un buen pastón: las cámaras rangefinders y sobre todo sus objetivos suelen costar muchísimo más que los sistemas reflex de punta, por lo que constituye un nicho muy selecto dentro del mercado analógico y digital. Así y todo, nadie duda de la calidad y reputación de las Leica… aunque en la era digital y de la producción acelerada para el consumo compulsivo, los controles de calidad quizás no sean tan exhaustivos como antes. Haciendo una analogía, una cámara Leica es en fotografía lo que Mercedes Benz en el campo de los automóviles: está asociada a la perfección y al prestigio, e incluso ha llegado a convertirse en un auténtico objeto de deseo para el fotógrafo. También es muy común observar que los fotógrafos entrados en años que han pasado toda su vida cargando pesados cuerpos SLR y decenas de objetivos, cambien toda la parafernalia por una sencilla y liviana cámara telemétrica que llevan a todos lados. «Ya no estoy para esos trotes» me decía un aficionado sesentón mostrándome orgulloso su Leica M7 mientras me vendía un objetivo SLR.

De cualquier forma. El día que me gane la lotería, quizás piense en comprarme una rangefinder digital.

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