Katamari Damacy

katamari Damacy

Lo he vuelto a hacer. He vuelto a caer en la tentación una vez más provocada por el aburrimiento y aunque tengo muchas otras cosas que hacer no he podido resistirlo. He vuelto a jugar a la PS2 después de tenerla criando polvo durante unos cuantos años (interrumpiéndose esporádicamente para rescatar del pasado algún que otro juego) Y no ha sido para volver a perderme en ningún Final Fantasy ni para volver a jugar a ningún plataformas o al Gitaroo Man. No. Alentado al mencionarlo en un post hace unos días quise volver a jugar al Kamtamari Damacy.

Para los que no lo conozcáis (que supongo que a estas alturas es poca gente ya que se trata de una pieza fundamental en el catalogo de lo bizarre de la PS2 y la PSP.) el Katamari Damacy es un juego raro donde los haya. La premisa es bien simple: tú encarnas a un Katamari, que no es otra cosa que una especie de duende con la cabeza de formas dinstintas según cómo sea (los hay altos, gordos, enanos, gigantes, etc..) y tu misión es ir a la tierra para reconstruir el Universo y el Mapa Celestial ya que (atención) tu padre es el mismo Universo y en una cagada celestial donde las haya, se lo cargó todo.

Hasta ahí simplemente parece una historia típica que se inventaría un japonés aburrido en su cuarto mientras mira anime. Pero va más allá. Sí, es una historia salida de la mente de un japonés (o un equipo de desarrolladores japonés) pero lo divertido y lo raro es la forma que tenemos de reconstruir las constelaciones: haciendo rodar una pelota que va creciendo en tamaño cada vez que pasamos sobre algún objeto. O persona. Cuanto más grande sea, mejor.

Esto es Katamari y aunque no es para jugarlo continuamente siempre consigue (como conmigo) animarte una de esas tardes en las que no pasa nada.

Foto │ Vida Extra

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