El swatting y los peligros que supone para los gamers

Los riesgos del swatting lo convierten en uno de los incidentes más polémicos de las últimas semanas.

Swatting

La muerte del joven Andrew Finch ha puesto en el ojo del huracán una polémica práctica que se lleva haciendo años en Estados Unidos, y que ya se ha cobrado su primera víctima. Conocido como swatting, se trata de una peligrosa (e ilegal) broma macabra cuyas consecuencias han resultado ser nefastas.
Finch se encontraba en casa de sus padres jugando tranquilamente a Call of Duty: WWII, el popular juego de acción de Activision. Lo hacía por Internet, retransmitiendo su partida en directo para que miles de personas pudieran seguir sus hazañas. En un momento dado, el joven escuchó sirenas de policía justo en el exterior de la vivienda y decidió salir afuera. Ahí fue cuando se encontró a todo un equipo SWAT de la Policía apuntándole con sus armas.

Según la versión oficial, Andrew movió sus manos de manera sospechosa cerca de su cintura cuando le fue requerido que las alzase, lo que provocó que uno de los agentes disparase al hombre de 28 años. Según su madre, presente en aquel momento en el hogar, el equipo SWAT no atendió a su hijo ni llamó a los servicios de emergencia hasta que éste no había fallecido tras ser alcanzado.

¿Qué llevó al equipo de élite de la Policía de Wichita, Kansas, a intervenir en la casa de un joven que simplemente disfrutaba de un videojuego junto a su familia? Una broma. Tyler Barris, de 25 años, había amenazado a Finch con convertirle en una víctima del swatting en plena partida de Call of Duty. O lo que es lo mismo, llamar a las autoridades haciéndose pasar por él reconociendo un grave delito, provocando la intervención de las fuerzas especiales.

Barris contactó con los servicios de emergencia y, como si fuera Andrew Finch, aseguró haber cometido un asesinato y haber tomado rehenes en la dirección de su hogar. La actuación policial no se hizo esperar. Antes de que se conociera el trágico desenlace, el autor de la llamada se vanagloriaba en Twitter de su “logro”, reconociendo haber provocado el swatting. Cuando se conoció que la acción había terminado con el homicidio de Finch, se negó a reconocer su culpabilidad: “Es una broma que ha terminado mal, yo no he disparado ningún arma ni soy del SWAT”.

El Jefe de Policía de Wichita, Troy Livingston, lo tiene claro: “Si no se hubiera hecho una llamada falsa a la policía, no habríamos intervenido”. Por lo pronto, Tyler Barris ha sido detenido y puesto a disposición de las autoridades por perpetrar la terrible broma. “Sus acciones han causado todo esto”, aseguró el oficial, que quita peso a la responsabilidad de sus hombres y culpabiliza totalmente al “bromista”. El swatting ha sido definido como “terrorismo” por parte de las autoridades norteamericanas, por lo que el autor de la infame llamada se enfrentará a una pena de cárcel.

Agentes

La muerte de Andrew Finch es la primera en casi una década. Fue en 2008 cuando el FBI empezó a acuñar el término ‘swatting’ tras producirse las primeras llamadas de este tipo. En principio, se trataban de hechos aislados, casi marginales, que apenas lograban trascender a la prensa. Poco a poco han ido aumentando, casi de forma paralela al crecimiento de Youtube, las retransmisiones en directo de las partidas online a determinados videojuegos y la celebridad de sus participantes más habilidosos.
Es lo que le pasó a Kootra, un popular jugador de Counter-Strike que retransmitía una partida en la oficina de su equipo profesional, The Creatures, en agosto de 2014. La cámara que registraba sus acciones en una de las esquinas de la pantalla mostró cómo un equipo SWAT entraba en la habitación, le ponía de rodillas y le inmovilizaba. El vídeo se hizo viral, registró más de cuatro millones de reproducciones en Youtube y apareció en todos los telediarios, convirtiendo al swatting en un fenómeno mundial.

En 2015, la Universidad de Oxford recogió la palabra en su diccionario digital. Fue el año en el que esta práctica pasó a ser conocida mundialmente por otro incidente que estuvo a punto de costar la vida, en este caso, a un policía. El 911 recibió una llamada en la que un tal Dallas Horton confesaba haber colocado una bomba en una escuela de preescolar de Sentinel, en Oklahoma. Un agente, Louis Ross, entró armado en la casa de Horton por sorpresa, siendo disparado por este último tres veces en el pecho y una en el brazo. La llamada, en realidad, la había realizado James Edward Holly, quien reconoció haberlo hecho como venganza por su mala relación con la víctima. El policía sufrió graves heridas, pero logró sobrevivir.

Aquello sucedió en enero. Apenas un mes más tarde, otro caso sacudió a la opinión pública. Zachary Lee, de 25 años y residente en Maryland, contactó a través de Internet con Robert Walker-McDaid, quien vivía en Inglaterra. “Tengo a alguien que necesito que sea “swatteado”, le escribió el 17 de febrero. Dicho y hecho. Un día más tarde, el británico de 19 años, junto a un amigo, llamaba a la línea de atención telefónica por posible actividad terrorista de Maryland.

Haciéndose pasar por un joven estadounidense, aseguró tener un arma cargada, varias bolsas de explosivos plásticos y tres rehenes. De no recibir 15.000 dólares en 15 minutos, supuestamente comenzaría a ejecutarlos uno por uno cada cuarto de hora. Pidió que el dinero le fuera entregado en una bolsa roja en una dirección que resultó ser la casa de la víctima a la que Zachary Lee quería swattear. Justo después de la intervención policial, el propio Lee escribía en su Facebook: “Me encanta mi equipo”.

La acción del equipo SWAT pudo acabar en tragedia. Los agentes entraron por sorpresa en la casa de la víctima, que no entendía nada y acabó siendo disparado con balas de goma. Sufrió importantes heridas, acabando con varios huesos rotos en la parte izquierda de la cara, una costilla fracturada y una contusión pulmonar. Necesitó hasta tres operaciones de reconstrucción facial.

Consola

Zachary Lee acabó siendo condenado a dos años de prisión, mientras que Walker-McDaid permanece arrestado en Reino Unido a la espera de ser extraditado a Estados Unidos para ser juzgado a principios de 2018. El caso, unido a lo ocurrido un mes antes en Oklahoma, acabó provocando que la Justicia estadounidense endureciese con contundencia las leyes que castigan este tipo de prácticas.
Desde 2015, todos los costes derivados de una intervención de un equipo SWAT que resulte falsa son cargados al autor de la broma. Además, pueden ser acusados de conspiración para obstruir a la Justicia, para tomar represalias contra una víctima o para acceder de manera desautorizada a un ordenador. Las penas pueden alcanzar los 10 años de cárcel y multas de hasta 150.000 dólares.

El swatting no ha tenido solo víctimas anónimas, también ha sido utilizado contra celebridades en los últimos años. Desde 2013, la policía norteamericana ha registrado llamadas de este tipo que han intentado poner en un aprieto a famosos como Clint Eastwood, Justin Bieber, Snoop Dogg, Taylor Swift, Tom Cruise, Ashton Kutcher, Miley Cirus, Chris Brown, Iggy Azalea o Jason Derulo. Incluso la que fuera Primera Dama de Estados Unidos, Michelle Obama, fue objetivo de esta práctica. En la actualidad se ha convertido en un claro problema para todo tipo de personas y será algo a lo cual se le deba seguir la pista.

Foto: Olichelgilpratasuperanton

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