¿Cambiará el coronavirus nuestra forma de ver cine?

La industria del streaming se va a ver beneficiada debido a lo que está ocurriendo con el coronavirus y la cuarentena.

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Con todo lo que está ocurriendo debido al coronavirus posiblemente lo último que nos preocupa es volver a las salas de cine. En su defecto estamos viendo cómo hay productoras de cine que han apostado por llevar sus películas más rápidamente al alquiler digital o a los servicios de streaming. Incluso hay alguna productora que ha decidido ignorar el estreno en cines a la vista de las circunstancias y lanzar sus películas directamente de manera digital, con alquileres a precios más altos de lo normal para intentar recuperar la inversión realizada en las producciones.

Lo que se nos pasa por la cabeza ahora es si el virus y el confinamiento que estamos viviendo va a cambiar nuestra manera de disfrutar del cine. Es decir, ¿vamos a volver a las salas de cine pronto? ¿qué necesidad tenemos realmente de hacerlo en estos momentos? La crisis que va a vivir el cine va a ser enorme, aunque esperemos que la sociedad recupere el control de su vida y retome todas las cosas que hacía antes de la infección. Si la cuarentena terminara en 15 días y contaríamos con que sería recomendable quedarse en casa al menos otros 15 días por precaución, lo más probable es que los cines ni siquiera abran sus puertas. El motivo está claro: se trata de un entorno altamente peligroso, cerrado, con multitud de personas cerca las unas de las otras… caldo de cultivo para la reaparición del virus.

Suponemos, por lo tanto, que las autoridades serán sabias al menos en esta ocasión y se ocuparán de que los cines no vuelvan a abrir sus puertas todavía. Posiblemente sea algo que tarde en ocurrir alrededor de 1 mes después del final de la cuarentena o incluso dos meses.

La cuestión es la necesidad que tendrán los ciudadanos de volver a llenar las salas. Es posible que haya cierto rechazo a este tipo de actividades después de toda la tragedia que ha dejado el virus. Los lugares en los que pudiera, aunque no fuera a ocurrir, desatarse una infección de nuevo, lo van a tener más complicado para recuperar la confianza de los clientes. Y el cine, al cual es fácil encontrar sustitutivo, salvo en los casos en los que lo tengamos como afición o que queramos ver los últimos estrenos, es una de esas actividades que parece fácil cambiar en cuanto al método de consumo.

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Otra cosa distinta son las ganas que van a tener los ciudadanos de salir a la calle, de celebrar que ya ha acabado la tragedia y que nos hemos olvidado del virus. Posiblemente vamos a ver oleadas de personas caminando, respirando aire fresco, mirando los árboles, tumbándose en la hierba, sintiendo emociones que habíamos olvidado como sociedad o que habíamos enterrado muy al fondo, debajo del estrés y del día a día que nos asfixia.

El cine puede ser una buena salida para esta necesidad de libertad. Vemos posible la situación de salir a la calle a pasear, sentarnos en una terraza para comer algo y después de eso, a la hora de la siesta, meternos en la sala de cine a ver una película. Todo se trata de reconectar con nuestra identidad, con lo que éramos, con lo que somos, con lo que vamos a seguir siendo. Se nos pasará la cabeza no querer volver a casa. El momento será crítico. El día que salgamos, no querremos cruzar la puerta, porque algo en nuestro interior nos empujará hacia la calle. Hayamos ido o no al cine, la sensación que sentiremos será liberadora. Hemos salido, hemos vuelto, volveremos a salir y volveremos a volver. No habrá recuerdo terrible de un virus que nos haga recluirnos en casa.

Y al volver, es posible que conectemos Netflix, que estemos en silencio cinco segundos como agradecimiento a todo lo que este servicio y los demás que existen y que tenemos en nuestras casas, están haciendo por nosotros durante este periodo de cuarentena. Nos planteamos estos largos días sin series en Netflix, sin atracones de episodios que alimentan nuestra alma de manera que no pensemos en el terror de ahí fuera, y no sabemos realmente cómo podríamos resistir. Lo positivo es que ahí están las plataformas digitales, el cine a la carta que ofrecen estos servicios y que ayuda a que sigamos ilusionados por la ficción, por películas que nos ayudan a desconectar y a pensar en algo distinto (por mucho que Contagio esté entre lo más visto en Netflix).

Las salas de cine volverán a llenarse, al menos en España, porque somos gente de tradiciones y siempre hemos respetado de gran manera el séptimo arte. Pero esto tardará en ocurrir. Se necesitarán un par de Fiestas del cine para que recuperemos esa ilusión por sentarnos en la sala oscura a ver una película. Cada vez que lo hagamos se nos irá un poco más el miedo y terminaremos olvidando lo malo, para mirar al futuro.

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