Los Aibo estropeados reciben funeral en Japón

Un grupo de japoneses ha participado en un funeral para 19 perros robot Aibo fallecidos para los que no era posible la reparación.

Mascota robot

Podemos pensar lo que queramos de los japoneses, que son una civilización seria o muy diferente a la nuestra, pero es un error pensar que sus sentimientos no están tan arraigados como los nuestros. Los nipones lo han demostrado bien al celebrar un funeral conjunto para sus mascotas robot. El evento se llevó a cabo hace unos días en Chiba, más exactamente en el templo de Kofuku-ji. Allí se reunieron 19 perros Aibo que ya no se pueden reparar, por lo que se considera que han fallecido.

El sacerdote Bungen Oi llevó a cabo una ceremonia tan real como la que se hubiera hecho con seres vivos, con el objetivo así de honrar la memoria de las mascotas fallecidas. Los propietarios de los Aibo fallecidos los colocaron en dos filas, algunos con la cabeza caída, otros firmes, en señal de respeto a su existencia, pero todos apagados por haber encendido los ojos por última vez ya hace tiempo.

Se realizó la ceremonia tradicional y tal como afirmó el sacerdote, se intentó que las almas de los robots pudieran salir de sus cuerpos para liberarse y trascender más allá. Porque tal y como los propietarios de las mascotas lo entendían, sus perros tenían un alma como los auténticos y reales.

El problema de los Aibo de primera generación, que son los que han fallecido, es que su fabricante, Sony, decidió cesar el servicio técnico en el mes de marzo del pasado año 2014. A partir de entonces ya no había forma posible de reparar las mascotas, lo que implicaba que era inevitable que, al estropearse, se provocaría el final de su vida. Podría haber aparecido algún técnico ilegal o alguien que los ayudara a seguir con «vida», pero los propietarios se conformaron y se despidieron de sus fieles mascotas.

Uno de los propietarios, Hideko Mori, un anciano de 70 años, comenta que nunca se había planteado que su mascota robot pudiera llegar a fallecer. Pero lo hizo. Sintió tanto que su amigo robótico enfermera que decidió mandar un correo electrónico a uno de los empleados de Sony diciéndole, como si estuviera escribiendo el robot, que porqué tenía que morir solo por no poder caminar. La única solución para la reparación de los Aibo en los últimos tiempos, debido al coste de las piezas de recambio, era que se encontraran donantes, perros robot ya fallecidos que hubieran cedido su cuerpo a la ciencia. Pero el sistema llegó a ser demasiado complejo como para mantenerlo activo. Japón, con este tipo de eventos, se prepara para que la robótica comience a ser normal en sus vidas y sus relaciones.

Vía: The Japan Times

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