¿Cuál será el futuro tecnológico de los smartphones?

Hablamos de lo que podría ocurrir dentro de unos años con la principal tecnología, ¿evolucionarán de nuevo los smartphones?

El iPhone X

De vez en cuando nos da por pensar en el futuro tecnológico que nos espera en los próximos años. La presentación reciente del iPhone 8 y el iPhone X nos hizo meditar bastante. Han pasado 10 años desde el lanzamiento del iPhone, que podemos considerar que fue el móvil que lo cambió todo en el organigrama actual de los smartphone. Si echamos la mirada más atrás han pasado 17 años desde la salida original del Nokia 3310, que tomaremos de referencia como móvil más popular de su época. El tiempo que separó a los dos terminales fue el que podemos considerar como la madurez del teléfono móvil tal y como lo conocemos.

Una vez se lanzó el iPhone se dio inicio a una línea que debería llevarnos hacia dos posibles direcciones. Una de ellas es un muro que sirva como final de los smartphone y de los teléfonos móviles. Entenderíamos que habríamos pasado del Nokia 3310 al iPhone y que el iPhone no habría tenido evolución posible más allá de una mejora de las características técnicas. Otra de las direcciones lleva a que el iPhone encuentre otro sucesor, un dispositivo que de nuevo cambie el ecosistema del uso del teléfono móvil. Y ahí tendríamos lo que podríamos denominar como la tercera edad del móvil.

¿En qué dirección avanzará el mercado? Esa es la gran pregunta y algo a lo cual todavía es imposible responder, aunque no se puede decir que el sector no esté dando pistas de que, por ahora, no hay tercera evolución en camino.

Al fin y al cabo, solo hay que ver que los nuevos smartphones que se presentan en la actualidad se caracterizan por disponer de mejores cámaras, de procesadores más rápidos, de características añadidas dedicadas al ocio o de más espacio de memoria. También se plantean las evoluciones del móvil en base a los soportes de datos de los que disponen los móviles, pasando del 4G al 5G en el futuro. Pero esto, si lo miramos con ojo crítico, es una dosis extra de humo. Nos está ocurriendo lo mismo que en las conexiones domésticas. ¿De verdad necesitamos fibra de 500MB cuando no estamos aprovechando ni exprimiendo al máximo la fibra de 300MB? ¿queremos un móvil 5G, 6G o 7G cuando el 4G ya nos proporciona suficiente solidez y eficiencia para lo que usamos el dispositivo?

Por eso hoy por hoy no pondríamos la mano en el fuego pensando en esa evolución del móvil. Es algo en lo que coinciden muchos de los expertos en tecnología, que apuestan incluso por los coches inteligentes como el progreso más revolucionario de la próxima década y que alejan sus miradas de los teléfonos móviles como posibles elementos que causen más impacto en el mercado. En contraposición a esto, sí pensamos que es posible que los móviles se encuentren con un muro que otro tipo de dispositivo aprovechará para su propio beneficio.

El nuevo iPhone

No sabemos qué tipo de dispositivo será, pero tendrá que suplir el tipo de utilidad que proporciona el móvil, el cual nos permite comunicarnos en cualquier lugar sin importar el momento. No nos hagáis hablar de ideas locas y futuristas, pero la cuestión es que deberíamos presenciar una evolución similar a la que hubo con los programas de mensajería en el pasado. Hace años todos alucinábamos por poder chatear con amigos en ICQ e IRC. Luego pasamos a Messenger y después llegaron WhatsApp, Facebook y demás aplicaciones que llevamos a todas partes. Esa ha sido una evolución interesante que ha ido desplegando los mismos usos (comunicarnos con un software de mensajería) a través de distintos programas y generaciones.

Lo que tendría que ocurrir es que se generase otra forma de comunicarnos con la voz con otras personas estando a distancia. ¿Cómo? Es difícil aventurarse en eso. No decimos que vayamos a hacerlo mentalmente, pero sí entenderíamos que pudiera haber algún tipo de hardware que fuera más wearable de lo que son los wearable ahora mismo (y que nosotros denominamos como dispositivos que se han intentado adelantar a su tiempo sin éxito) y que nos permitiera hablar de forma instantánea como hacemos en WhatsApp, pero sin ni siquiera tener que hacer una marcación de número. ¿Quién creará ese tipo de tecnología? No será Apple, ni será Samsung ni LG. Está claro que los grandes saltos generacionales los tienen que liderar empresas muy dedicadas a ello y que no se entretienen con otras cosas.

Nos gusta pensar en Elon Musk como el salvador que desequilibrará la balanza del futuro móvil, creer que tiene algo en mente y que nos sorprenderá pronto, pero posiblemente también está muy ocupado con sus proyectos como para dedicar atención a algo más. No obstante, sí creemos, aunque suene a ficción y quizá un poco de optimismo futurista e innovador, que dentro de 10 o 15 años no seguiremos con un móvil en el bolsillo, no continuaremos marcando números ni esperando tonos. Habrá algo más, algo distinto.

iPhone móvil

Ya hemos visto lo que pasó entre el Nokia 3310 y el lanzamiento del iPhone. ¿Alguien pensaba cuando se compraba un Nokia 3310 y se pasaba horas jugando al Snake que unos años después tendría un iPhone en sus manos y podría hacer todo lo que ofrecen los smartphones? El salto generacional y evolutivo que proporcionará la tecnología del futuro nos tendría que permitir hacer el mismo tipo de referencia entre lo que tenemos ahora con el móvil de Apple y lo que tendremos dentro de una década con el dispositivo que haya ocupado la posición dominante del mercado en cuanto a comunicación. No podemos esconder nuestra emoción y pasión por saber qué es aquello que están preparando las grandes mentes pensantes del sector y los genios que tienen en sus manos el futuro de la tecnología.

De momento los últimos progresos van a seguir concentrándose en campos como las cámaras, los soportes de conexión y el diseño estilizado de los terminales. El iPhone X cambia la identificación de huellas digitales que tan novedosa resultó en el pasado por una identificación facial que usará nuestra cara para que se produzca la relación de seguridad entre el móvil y el usuario. Las cámaras ahora son duales, una tecnología que es más sonada de lo que debería ser si la analizamos de forma crítica, y las mejoras de conexión harán que todo vaya más rápido para quienes se aprovechen de ello. Los diseños tienden a reducir las medidas, a ser más delgados y fáciles de transportar. Esta es una tendencia global que vamos viendo cómo se absorbe en la mayor parte de los nuevos móviles de todos los fabricantes y que posiblemente continuará durante uno o dos años.

Después de eso quizá lleguemos a ese punto de inflexión del que hablábamos, porque estamos acercándonos a un momento en el cual es difícil que los componentes puedan seguir mejorando sin terminar convirtiendo los smartphone en auténticos ordenadores. Pero dejemos una puerta abierta a la esperanza y a la posibilidad de que, como decíamos, los smartphones comiencen a sorprender con algún tipo de rasgo que no conocemos de momento y que pueda hacer que su nivel de popularidad aumente de nuevo. Ahora no sentimos tanta ilusión por los móviles, pero es posible que la terminemos recuperando si todo sale bien y hay sorpresas futuras.

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