Experiencia y opinión de mis primeros días con un Amazon Echo

Un apartamento muy normalito se convierte en una casa con funciones inteligentes gracias al uso de un Amazon Echo Pod.

A veces pensamos que los hogares inteligentes están limitados a esas personas que viven en lujosos lofts donde todo se ha diseñado y construido de una manera tecnológica. Nos equivocamos. La tecnología ha progresado mucho e incluso en un viejo apartamento de hace 20 o 30 años podemos llegar a disfrutar de sistemas inteligentes. Para ello solo hay que adquirir un dispositivo como los speakers smart Echo de Amazon.

Aprovechando el reciente Amazon Prime Day, en el cual la conocida tienda hace descuentos muy jugosos, sobre todo en su tecnología, me decidí a introducir uno de estos Echo en casa a fin de darle un poco de dinamismo al hogar. Su colocación en la cocina era clara, ya que es desde ahí donde hacemos vida en nuestro hogar. Para que lo podáis entender mejor os pondré en situación de que se trata de una cocina-comedor que sirve como núcleo de la casa teniendo en cuenta que se trata de un apartamento de menos de 50 metros (residiendo en Japón, los espacios amplios en las viviendas escasean).

Por lo tanto, colocando el Echo en la cocina me daría control a poder disfrutar de él mientras limpiamos, cocinamos, estamos sentados echando el rato, comemos o en muchos otros momentos. ¿Cuál ha sido mi experiencia y opinión hasta el momento?

Empezando con Alexa y el Echo

Nuestro hogar es una casa multi-idioma, por lo que consideraba fundamental poder configurar el sistema en varios idiomas al mismo tiempo. La buena noticia es que es posible. La mala noticia es que solo está habilitado para ciertas combinaciones. Por ejemplo, español-inglés. Y el español es neutro, aunque esto también me ha ocurrido al configurarlo únicamente en español, quizá por la región en la que resido o por cualquier otro motivo. En cualquier caso, el poder tenerlo en dos idiomas es una ventaja, aunque es una pena que no pueda configurarlo también en japonés por lo práctico que resultaría en el entorno del hogar.

Lo primero que hice con Alexa fue intentar sacarle el máximo partido, ver si el futuro y la ciencia ficción se habían hecho realidad ya. Por desgracia, esta tecnología todavía está verde. Hay que darle unos comandos muy específicos u otros que no lo son tanto (a veces me sorprende que con solo una palabra Alexa ya entienda qué es lo que le estoy pidiendo), pero falta más flexibilidad. También le falta más dinamismo en cuanto a tener una conversación o que te haga preguntas en vez de irse a lo loco a hablarte de lo que ha deducido que le estás preguntando cuando, en realidad, no tiene nada que ver (suele dar en el clavo, pero no siempre).

Me encontré en un momento con que la mayoría de recursos se gestionan con skills, que es otra forma de llamar a las aplicaciones de Alexa. Para usar estos skills tienes que activarlos previamente y luego cada uno tiene una forma de activarse cuando se lo pides al asistente. Algunas veces es fácil activarlos, mientras que otras tienes que tener una memoria de elefante para poder hacerlo. Por ejemplo, para abrir las noticias de Ángel Martín hay que decir «Alexa, abre el informativo de ángel martín» y en mi caso, mi señora Alexa o no me entiende o no suele querer reproducirle. Tengo que insistir varias veces hasta que lo consigo. O quizá sea porque no digo «informativo», sino «las noticias de Ángel Martín». Eso suena más lógico y posiblemente sea lo que ocurra. Lo que no deja de ser una cadena de petición demasiado larga, todo sea dicho.

Los pedos de Alexa

Otra de las cosas que descubrí rápidamente de Alexa es que se tira pedos. Y si hiciera un ranking de las skills más utilizadas en casa con Alexa, posiblemente el «wet fart» («pedo húmedo») sea la que se encuentre en primera posición, incluso por encima de Amazon Music. Porque lo bonito de los pedos de Alexa es que tiene una gran selección de ellos y si le das coba, el asistente se puede pasar unos cuantos minutos hablando de pedos, dándote ideas de nuevos pedos que pedirle y planteándote consecuencias de sus pedos y otras tonterías. Es la típica skill que sirve para romper el hielo, pero también para bromear con invitados que llegan a casa y, de repente, escuchan el pedazo de pedo que les tira Alexa. Claro está, también es un éxito entre los más pequeños. A mi los pedos de Alexa me dan la vida (sirva como frase de review).

Escuchar música con un Amazon Echo

La reproducción de música tiene bastante trampa. Porque yo pensaba que pagando Amazon Prime ya tenías acceso Amazon Music en su totalidad, pero lo único que consigues es el acceso a las emisoras gratuitas. Lo que se queda de lado es Amazon Music Unlimited, que es un segundo servicio musical de Amazon que la empresa diseñó para poder sacar más tajada, porque vio que regalando toda la música se estaba metiendo en un camino sin salida bastante complicado. En realidad, tiene bastante lógica. No habría forma de mantener todo dentro de la suscripción de Amazon Prime sin que la empresa se fuera a pique. Lo único que no me convence y que resulta molesto es que Alexa te está repitiendo cada dos por tres que si te suscribes a Amazon Unlimited puedes conseguir toda la música a la carta y que además no resulta tan caro.

Por otro lado, también hay que añadir que las emisoras suelen ser bastante terribles en cuanto a similitud con las peticiones que le haces. Y en ocasiones en vez de oír canciones que quieres lo que escuchas son covers de otros artistas que son de categoría infumable. Pero en cualquier caso, puedes escuchar emisoras gratis y cuando estás lavando los platos o haciendo otras cosas, resulta muy cómodo.

Las rutinas de Alexa

Las rutinas son programas que puedes configurar y activar en serie para que todo sea más sencillo. Por ejemplo, puedes configurar una rutina que sea lo que haga Alexa por la mañana cuando te levantes y se la pidas. Pongamos que llamas a la rutina «lunes» y que como todo el mundo odia los lunes, le hayas dicho a Alexa que reproduzca una determinada canción que te anima mucho, que te cuente una curiosidad o que haga sonar determinados sonidos, por decir algo. Lo mismo podemos hacer para otro tipo de casos. Por ejemplo, los momentos íntimos con nuestra pareja los podemos activar con una palabra como «intimidad». Le estaríamos diciendo «Alexa: intimidad» y eso haría que, por ejemplo, empezara a sonar música sexy o relajante (y si tenemos luces inteligentes el color podría cambiar u oscurecerse todo, pero ahora hablamos de eso).

Personalmente aún no le estoy sacando mucho partido a las rutinas porque dependiendo de mi estado de ánimo al levantarme me apetece una cosa u otra. Pero es algo que me gustaría explorar en el futuro para otros momentos.

Control de las luces inteligentes con el Amazon Echo

En mi caso concreto tenía un problema muy claro en casa: una persona siempre olvida, pero siempre, apagar la luz del baño. El motivo es que en Japón, al menos en las casas que yo he visitado, la luz del baño siempre está en el exterior, y no precisamente en la puerta del baño, sino en un panel de luces y botones que controla varias instancias (la ducha, la zona de la pica donde lavarse las manos, etc). Por eso es comprensible que cuando al salir del baño llegas al panel de luces después de haberte lavado las manos, es posible que te olvides de que tienes que pulsar el interruptor de apagado. Por eso pensé «con Alexa podría solucionarlo».

Y aunque de momento solo han pasado unos días desde que empezara el «estudio y prueba», por ahora puedo decir que el experimento está saliendo muy bien. No vuelvo a encontrarme la luz del baño encendida, lo que sin duda es una buena noticia y una señal de que la factura de la luz terminará bajando, aunque solo sea un poquito.

El uso de la luz personalmente es algo que me ha flipado. Pones una bombilla inteligente, que es como una bombilla normal, tal cual, y ya tienes una luz smart. Hombre, no es inmediato, hay que configurar la bombilla de marras y el proceso es un poco problemático. En mi caso tuve que hacer mil configuraciones porque no funcionaba y al final descubrí que todo era por la frecuencia, porque el router tiene dos conexiones Wi-Fi distintas y la bombilla solo puede hacer uso de «la mala» por así decirlo. Pero a día de hoy, salvo algunos momentos en los que Alexa dice que no encuentra la bombilla (pues búscala hija), todo bien. Normalmente si dice que no la encuentra solo hay que darle la orden una segunda vez y ya la encuentra.

Además, es posible darle órdenes a Alexa relacionadas con la luz como: aumenta el nivel de iluminación (o redúcelo), cambia el color o pon distintos estilos de iluminación. Hasta puedes convertir tu cuarto de baño en un árbol de Navidad con la típica iluminación que va saltando de color en color. Y personalmente lo de no tener que tocar el interruptor es un avance. Quizá suene de vagos, pero mientras estás caminando hacia el baño le dices a Alexa que encienda las luces y cuando llegas ya están encendidas. Luego mientras te lavas las manos le dices que las apague y listo. Todo muy cómodo.

Resolución de dudas con Alexa

Esta es otra de las cosas que más utilizo: la resolución de dudas. Pongamos que estás hablando con alguien y tenéis una duda. Una duda tan sencilla como: «¿qué día es hoy?». Porque la gente normal olvida el día en el que nos encontramos (no lo neguéis, porque seguro que también os ocurre). Se lo preguntamos a Alexa y nos responde de inmediato. O «Alexa, ¿va a llover hoy?» para saber si ponemos la lavadora o no. O le preguntamos por el tiempo en general, por la definición de una palabra, por una película o por cualquier cosa a la que pueda dar respuesta. Lo cierto es que Alexa se sabe la Wikipedia al dedillo, por lo que siempre tira de ella para darnos la información general que necesitamos.

Además, si configuráis el asistente con vuestra agenda os dirá si tenéis citas o recordatorios, lo que acaba resultando muy útil con la intención de ahorrar tiempo cuando tenemos las manos ocupadas en otras cosas (haciendo el desayuno, por ejemplo, nos faltan menos, pero tenemos la voz).

Lo que se echa de menos

Personalmente con lo que sueño es con más interactividad y más automatización. Me gustaría decirle a Alexa «pon una lavadora» o algo parecido. Pero lógicamente no es algo que resulte posible. Más me gustaría decirle «tiende la ropa», pero esto resulta aún más complicado. Todo ello suponemos que nos espera en el futuro, sobre todo cuando los robots domésticos se comiencen a convertir en la norma.

Aunque me preocupa pensar en ese momento, porque si ahora mismo mi pareja ya me dice «¿no hablas mucho con Alexa?», no me quiero ni imaginar lo que me dirá cuando el asistente ya tenga cuerpo y sea capaz de realizar acciones. Quizá el robot acabe escacharrado a las primeras de cambio. Dejando de lado las bromas, hay que decir que por la inversión que he tenido que hacer para introducir un Amazon Echo Pod en casa con una bombilla inteligente, menos de 30 euros en el Amazon Prime Day, el resultado es de lo más valioso y facilita la vida un poquito más.

Estoy impaciente por ver cómo sigue avanzando esta tecnología y por acceder a más posibilidades en cuanto al control con Alexa. Por ejemplo, ahora pienso en los enchufes inteligentes y en si estos me podrían aportar algún tipo de beneficio o comodidad real en mi día a día. Desde fuera no me lo parece, pero también es verdad que hace un tiempo pensaba que todo lo relacionado con los Amazon Echo era una chorrada y ahora me encuentro pidiéndole cosas a Alexa cada dos por tres.

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