Kaspar, un robot capaz de emocionarse

Los investigadores saben que los niños autistas suelen interactuar mejor con objetos inanimados que con otras personas, por ello confían en que un proyecto como Kaspar no sólo tiene sentido sino que podría dar lugar a una forma segura para estos niños a aprender las habilidades sociales.

Desde la película del “Hombre bicentenario” que la ciencia se pregunta si acaso podría recrear emociones de niños humanos en robots que sean capaces de ayudar, mediante la expresividad de sentimientos y emociones.

En la fantasía y en la Ciencia Ficción hemos conocido a multiplicidad de personajes robóticos que, cada vez más, se asemejan en forma y tamaño a personas y que emulan sentimientos y sensaciones hasta hoy exclusivas de los seres humanos.

Pero muy lejos de las películas de Ciencia Ficción existe una investigación científica que ha logrado recrear muchas de las emociones que el cine atribuyó a los robots del futuro y su objetivo primordial no es entretener sino ayudar.

robot

Kaspar es un niño-robot de tamaño humanoide que ha sido desarrollado con fines médico-terapéuticos por la Adaptive Systems Research Group de la Universidad de Hertfordshire y que está siendo utilizado para estudiar la interacción de los humanos con los robots, dentro del Proyecto Europeo RobotCub, que tiene como objetivo construir una plataforma para robots del tipo open-source para el desarrollo cognitivo de investigación.

Al parecer, Kaspar (Kinesics y sincronización en Asistente personal Robotics) se asemeja mucho a aquél robot Bicentenario que, de no ser por la incapacidad de envejecer, se confundía con un humano y se relacionaba y vinculaba como un par.

El Adaptive Systems Research Group está investigando el uso de gestos, expresiones, la sincronización y la imitación, para que los robots puedan ser utilizados en el desarrollo de estudios y juegos de interacción.

Este tipo de robots ha sido utilizado en el proyecto Aurora, donde se investigó el posible uso de sistemas robóticos como terapéuticos o herramientas educativas para fomentar las habilidades de interacción social en los niños con autismo y, actualmente están siendo utilizados en el proyecto IROMEC, un proyecto de la Unión Europea donde se realizan investigaciones con niños con autismo, especialmente para estimular el aprendizaje sobre el entorno físico y social, la autonomía, y para el desarrollo las relaciones sociales.

IROMEC (Interactive Robotic mediadores sociales como Compañeros) está investigando cómo los juguetes robóticos pueden potenciar a los niños con discapacidad para descubrir los beneficios del juego social en lugar del juego solitario, característico de los niños autistas.

Un objetivo secundario del programa es descubrir cuántas características expresivas pueden reproducir los robots en una interacción con un humano; aunque no se busca la perfección del realismo, sino una interacción óptima que permita el reconocimiento de emociones básicas.

Ojos que buscan miradas, cabeza que gira hacia los lados y puede afirmar; manos y brazos con movimiento y un rostro de niño recreado sobre una máscara de goma que dibuja una boca capaz de abrirse, cerrarse y sonreír.

Dado que los niños autistas, a menudo son carentes de emociones y tienen dificultades para comunicarse y socializarse porque tienen dificultades para comprender e interpretar las expresiones faciales y lenguaje corporal de las personas, este robot humanoide es la esperanza de los investigadores y por ello ya se encuentra en práctica en escuelas británicas, donde interactúa con niños autistas, intentando enseñar habilidades sociales.

Kaspar tiene un costo de 4,33 millones de dólares, pero es la esperanza de los investigadores que apuestan a las sonrisas robóticas, simulación de sorpresa y tristeza y otros gestos, como medio de fomentar la interacción social entre los niños autistas.

El Dr Ben Robins, un investigador senior en la Universidad de Hertfordshire del Adaptive Systems Research Group, que lidera el equipo multinacional detrás de Kaspar cree que “La interacción humana puede ser muy sutil, incluso con los pequeños movimientos de cejas, que pueden tener diferentes significados en distintos contextos y, probablemente, los niños autistas no pueden interactuar con otros seres humanos porque, para ellos, todos estos gestos conforman demasiada información y es confuso para ellos”.

De allí que Kaspar haya sido diseñado para expresar la emoción coherente y con un mínimo de complejidad; capaz de reproducir emociones básicas como el enojo, la tristeza y la alegría.

Los investigadores esperan que el resultado final del proyecto convierta a Kaspar en una especie de “mediador social” para niños autistas, que les enseñe paso a paso cómo mejorar la interacción social con otros niños y adultos.

Kaspar proporciona a los niños autistas la fiabilidad y la previsibilidad que les permite sentirse seguros y protegidos, sin sorpresas; y esa confianza genera el espacio para intentar expresar sus emociones.

El uso de robots para interactuar con los niños no es nada nuevo, aunque hubo una gran cantidad de nuevas investigaciones en los últimos tiempos este tipo de trabajo. Las muñecas Robota, una serie de mini robots humanoides desarrollados como parte del proyecto AURORA, han estado en uso como juguetes educativos desde 1997.

El Laboratorio de Robótica Social en Yale está colaborando con un equipo de robótica de la universidad del departamento de ciencias de la computación para desarrollar Nico, un robot humanoide diseñado para detectar las vulnerabilidades para el autismo en el primer año de vida.

Los investigadores saben que los niños autistas suelen interactuar mejor con objetos inanimados que con otras personas, por ello confían en que un proyecto como éste no sólo tiene sentido sino que podría dar lugar a una forma segura para estos niños a aprender las habilidades sociales.

Sin embargo, los niños autistas a menudo no hacen la conexión entre lo que han aprendido en una situación de formación y el mundo exterior, dijo el doctor Gary Mesibov, profesor de psiquiatría en la Universidad de Carolina del Norte y editor del Diario de Autismo y de Trastornos del Desarrollo.

Y esa es la pregunta clave que enfrentan los investigadores: si los niños autistas serán capaces de aplicar lo que han aprendido de Kaspar en diferentes situaciones y contextos, pues a menudo los niños con esta incapacidad responden bien a la formación pero luego se les dificulta aplicar lo aprendido en contextos sociales reales, donde deben interactuar con personas en situaciones reales.

El proyecto finalizará en octubre de 2009, momento en que podremos conocer los resultados de la aplicación de esta tecnología para la motivación y enseñanza de emociones en niños autistas.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...