Un astronauta confía en encontrar la Atlántida después de viajar el espacio

Después de viajar al espacio y ser uno de los hombres más importantes de su campo, Paul Scully-Power busca la Atlántida.

Vieja a la Atlántida

La historia de Paul Scully-Power es digna de ser contada y disfrutada leyendo con calma. Del espacio hemos hablado en algunas ocasiones. Sabemos, lo sabemos, que somos una publicación especializada en gadgets y tecnología, pero de vez en cuando nos dejamos llevar por nuestro afán de mirar a las estrellas, algo que también es muy futurista-tecnológico, ¿verdad? En cualquier caso, el descubrimiento de la Atlántida tal y como plantea este aventurero incansable, seguro que daba pie a la creación de más de un dispositivo interesante. Así que entre noticia de móvil y noticia de móvil, entre relato del 5G y relato sobre los Roomba o los últimos videojuegos, nos hemos dicho, vamos a hablar de este hombre que nos ha dejado alucinados y que ha visitado el espacio y busca la Atlántida.

Paul Scully-Power es un tipo peculiar. Fue el primer australiano en salir de la Tierra cuando trabajaba con la NASA. Fue el primer hombre en viajar al espacio con barba (suena absurdo, pero tiene su miga y no es fácil de conseguir). También fue el primer oceanógrafo que visitó el espacio. Todo eso lo hizo a los 41 años después de una serie de pasos profesionales que le llevaron a trabajar en la NASA y a ser elegido para pasar en el espacio unos días analizando los océanos desde lo más alto de los cielos.

Su trabajo a bordo del Challenger se vio recompensado con una experiencia que el aventurero nunca olvidará, pero que relata con humor. Por ejemplo, comenta que en el despegue hacia el espacio él no estaba nervioso como sus compañeros… ¡porque estaba dormido! “Relajación ante todo”. Eso comentaba y mientras despegaba él dormía la mona tranquilamente.

En realidad para él la experiencia no era tan emocionante como podría haber imaginado, dado que el riguroso entrenamiento con la NASA le había llevado a repetir esa experiencia en modo de simulación durante una y otra vez a diario. En lo único en lo que pensó cuando ya estaba en el momento auténtico fue en “¿lo tengo que repetir otra vez?”, porque ya se lo sabía de arriba a abajo. Todo cambió cuando salió de la Tierra y comenzó a disfrutar de la experiencia, pero el humor, la humildad y lo bien que tenía en todo momento la cabeza sobre el suelo, ayudaron a que Paul Scully-Power pasara a la posteridad como uno de los astronautas más icónicos en la historia de la agencia espacial.

Viajar al espacio

En principio él soñaba con pasar sus días en la playa haciendo surf. Cuando era joven solo pensaba en ello, pero su carrera le llevó hacia la investigación, la enseñanza y el desarrollo. Ayudó a que Australia tuviera su propia organización espacial y sentó cátedra en muchos aspectos de la oceanografía. Demostró que se podía ir contra las reglas sin tener que presentarse ante un pelotón de fusilamiento. Él no estaba dispuesto a afeitarse su característica barba para ir al espacio, pero en la NASA argumentaban que podía ser un elemento de riesgo a la hora de realizar el viaje. Se ocupó de llevarles la contraria con argumentos y buscó una manera de poder incluir la barba dentro del traje espacial para que todo quedara aislado tal y como la agencia espacial quería. Y viajó con barba. Mencionaba que para él la barba era algo que le daba buena suerte y no se quería desprender de ella, sobre todo en un viaje como ese.

Power siempre estuvo tranquilo y sabía que “todo saldría bien” por mucho que la foto de equipo espacial se realizara un viernes 13 y que este fuera el viaje número 13 del programa espacial. Cuantos más amuletos tuviera el equipo, mejor. En el espacio el astronauta habló de cómo todo tiene más sentido desde fuera de la Tierra, de cómo desde allí se olvidan las diferencias, los límites y las rivalidades. Para él resultaba curioso ver cómo desde el exterior del planeta no hay fronteras, límites entre países, sino que todo parece un mismo conjunto. Y tal y como él dice, teniendo en cuenta que la mayoría de las guerras se realizan por disputas de territorio… no hay nada que tenga sentido dentro de este contexto. Es algo que la sociedad debería poder ver y entender.

Actualmente Paul Scully-Power ya tiene 74 años, pero no parece que por él hayan pasado los años. En su voz se aprecia la misma energía y ganas de ir más allá que en el pasado. Ha hecho mucho y ha trabajado duro, pero sigue haciéndolo, sobre todo para que la agencia espacial australiana se pueda beneficiar de una nueva forma de aprovechar el espacio, de la manera en la que este entorno ya no está disponible para que lo exploremos, sino para que nos beneficiemos de él de muchas maneras. Y al mismo tiempo Scully sigue pensando en encontrar la Atlántida, la magnífica ciudad de historias y leyendas que se cree que fue tragada por los océanos y de la cual no quedan pruebas veraces de su existencia. Los científicos, en su mayoría, creen que es difícil que un lugar así exista, pero para Power no hay nada imposible.

Viaje espacial

El oceanógrafo cree que el descubrimiento de un lugar como la Atlántida es una idea romántica, maravillosa y por la cual merece la pena soñar. No está claro si como dicen algunas leyendas está hundida en el Estrecho de Gibraltar, si en realidad se encuentra en la Antártida o si su lugar de reposo es la costa irlandesa como dicen otras teorías. Scully cree que sería maravilloso si el primer oceanógrafo que visitó el espacio también encontrara la Atlántida y cree que en la actualidad hay medios suficientes para conseguirlo, con nanosatélites, drones que se muevan por debajo del agua y el conocimiento académico suficiente.

Por ahora necesita que esta tecnología mejore un poco más y por ello está trabajando de forma activa en la mejora de los drones, para que analicen mejor, tengan más resistencia y puedan llegar a una mayor profundidad. También investiga en inteligencia artificial y en cómo los drones acuáticos pueden encontrar tiburones dentro de cualquier contexto, ayudando así a evitar incidentes y aportando una mejora en el estudio de estos animales. Los drones son su gran apuesta, su material de investigación y la herramienta que le podría permitir encontrar la Atlántida, porque si puede moverse con un dron como si fuera él mismo quien atraviesa el océano sin límites… ¿quién le impide encontrar la Atlántida incluso a sus años? ¿incluso si no pudiera moverse de forma cómoda? ¿dónde terminan los sueños y comienza la realidad? La vida del oceanógrafo no parece que se haya dado nunca de bruces con la realidad y en él se aprecia que el sueño sigue vivo.

Si pudo dormirse mientras despegaba su vuelo hacia el espacio, nos creemos cualquier cosa de este soñador que con su barba intacta, aunque mostrando en ella el claro paso del tiempo, ha hecho soñar a muchos otros investigadores y científicos. Por mucho que no lo creamos, el mundo, la Tierra y la vida en general, aún tienen grandes misterios que están esperando a ser resueltos y de los que todavía hay cosas que descubrir. Solo hace falta la vitalidad de Paul Scully-Power para encontrarlo.

Vía: CNET

Foto: Fotoworkshop4Youskeezeqimono

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