Los riesgos de la criogenia y la esperanza que le pone Alcor

La criogenización sigue siendo un tema candente en lo que se refiere a buscar opciones que nos permitan burlar a la muerte.

Hace poco tiempo hablábamos del desafío de vencer a la muerte. De encontrar la manera de sobrevivir más allá de lo que la vida humana ha establecido hasta el momento. Es lo que le gustaría a todas las personas: ser capaces de no morir nunca. Y como decíamos con anterioridad, una de las formas que se están valorando es la de la criogenia, por la que ya han optado cientos/miles de personas en todo el mundo.

Aunque preferíamos no hablar de este tema de nuevo tan pronto, lo cierto es que hemos leído un reportaje en CNET que os dejamos enlazado al final de nuestro texto, que nos ha inspirado a hacerlo. En él, una periodista habla con la compañía Alcor, una de las firmas que está apostando por la criogenia y que tiene la intención de darle la oportunidad de vivir más tiempo del que teóricamente deberían haber vivido las personas que se convierten en sus clientes.

El relato, sobre todo procedente de las palabras de la cofundadora de la empresa, está lleno de esperanza. También tiene una parte de ciencia ficción, de ilusión, de fantasía incluso, pero no por ello resulta menos interesante. Más allá de lo que supone creer en criogenia, puesto que sabemos que va en contra de toda creencia religiosa, no se puede negar que el proyecto suena bien. Otra cosa es que sea posible que Alcor cumpla sus planes.

Fred Chamberlain cofundó Alcor con su esposa, pero él ya lleva 8 años en criogenia. El término que posiblemente deberíamos usar es «ya lleva 8 años muerto. Pero para su esposa esa no es la realidad. Le visita en la cámara en la cual está criogenizado de forma frecuente para tener ese tipo de conexión que todos buscamos con las personas que «ya no están». Insiste en que ella también se congelará y que espera que eso signifique que tenga una oportunidad de que vuelvan a estar juntos de nuevo.

Por ahora más de 1300 personas ya son clientes de Alcor. La esposa de Fred, Linda, será en el futuro uno de sus nuevos miembros. Todos ellos decidieron criogenizarse por un pago de 220 mil dólares con la intención y el deseo de volver a la vida en el futuro, cuando haya medios para que «resuciten» y les curen las enfermedades o problemas que les llevaron a fallecer. Es un tema delicado. Difícil, sensible.

Linda insiste en cómo en la actualidad se salvan millones de vidas de personas enfermas que tiempos del pasado habrían fallecido sin ningún tipo de opción. Tiene mucha razón. La diferencia es que a esas personas se las salva mientras están vivas. Los clientes de Alcor han sido declarados oficialmente muertos. Poco después de su fallecimiento son sometidos al tratamiento de criogenización para que puedan resistir al paso del tiempo. Los científicos no lo ven claro, porque a día de hoy no hay forma de preservar un cerebro o un cuerpo de manera adecuada sin que se produzcan daños. Y mucho menos se sabe qué harán en el futuro.

La propia cofundadora de Alcor se sincera, y es algo que les honra, al decir que ellos han desarrollado la tecnología de la conservación, pero que necesitarán que el equipo de su empresa del futuro, dentro de muchas generaciones, desarrolle un sistema inverso que permita descongelar y despertar a los pacientes (ese es el término que se utiliza en la compañía). Nadie entre las personas que actualmente trabajan en Alcor sabe qué pasará en la empresa dentro de 100, 200 o 300 años. Esperan y cruzan los dedos para que todo siga el camino correcto. Pero la simple locura de una persona podría llevar a que esos miles de personas en criogenización «desaparezcan» si se produce algún tipo de incidente. Por no decir que, insistimos, no hay un método probado que permita la vuelta a la vida. ¿Y si en el futuro no hay científicos dispuestos a hacer este tipo de investigación? ¿y si la sociedad ha vuelto un poco atrás y no hay tantos científicos o la ciencia no está tan desarrollada?

Linda Chamberlain remarca que lo que significa la muerte hoy por hoy es que hay dos órganos de tu cuerpo que ya no están funcionando: tus pulmones y tu corazón. Pero morir no significa que todos tus órganos dejen de ser útiles y ni mucho menos implica que tus células mueran. Por eso defienden la teoría de que en el futuro solo habrá que reparar el daño de los órganos, eliminar enfermedades y se podrá volver a la vida. A ser posible después de someter a los pacientes a algún tratamiento que les permita ser jóvenes de nuevo. Además de esto, la cofundadora dice que su creencia es que en un periodo de entre 50 y 100 años ya tendrán la tecnología que permitirá recuperar a quienes están criogenizados.

Más impactantes son las palabras de Max More, el CEO actual de la compañía: «Estamos matando gente que podría ser preservada«. Hace referencia a cómo cuando una persona muere, se mete su cuerpo en una zanja y se entierra para que sirva como alimento de gusanos o bacterias. O se quema y en definitiva acaba siendo algo similar. Para él parece una locura que no se esté dando a las personas una segunda oportunidad para vivir. Y la referencia se dirige sobre todo a esas personas brillantes que ha tenido el mundo o que sigue teniendo y que sería maravilloso si pudieran seguir sobre la Tierra durante más tiempo.

No parece, en cualquier caso, que Alcor intente venderle la moto a nadie ni convencer de forma insistente para que haya más personas que se preserven. Se lo toman con calma. Sus científicos hablan del trabajo que será necesario y del tipo de investigaciones que se están haciendo. Lo están probando prácticamente todo. Por ejemplo, trabajan aplicando ideas de uso de nano-robots que se introducirán en el cuerpo para cambiar los cromosomas que se encuentren dañados por otros nuevos y resistentes que harían que las células estuvieran en condiciones de nuevo.

La fantasía y el sueño de vivir llega cada vez a más personas. El jugador de béisbol Ted Williams, una leyenda en Estados Unidos, se criogenizó en el año 2002 y dejó un contrato firmado para que sus hijos también llegaran a congelarse con la esperanza de que algún día despertarían todos juntos. Uno de ellos falleció dos años más tarde de forma inesperada y ya se encuentra descansando junto a su padre. Principalmente esta tendencia llega a personas no creyentes, que no creen en el cielo de la religión y que optan por confiar en la ciencia como su apuesta para volver en el futuro.

Volviendo a las palabras de la cofundadora de Alcor, sobre el método que esperan encontrar para descongelar a sus pacientes de forma que puedan vivir de nuevo, comenta: «Nuestra misión es tener animación suspendida reversible, justo como en las películas». Son, como podéis ver, declaraciones llenas de esperanza, quizá en algunos casos demasiada, acercándose al deseo y la fantasía quizá. Pero ante todo lo que vemos es sinceridad, y eso es algo que nos gusta.

More, el CEO, asegura claramente que los pacientes de Alcor no tienen ninguna garantía. No prometen a nadie nada, porque no saben si la empresa, Alcor, sobrevivirá al paso de las generaciones. No pueden saberlo. Tampoco saben si caerá un meteorito que acabará con todos los laboratorios. Y por supuesto, no pueden prometer a nadie que vayan a volver a la vida en un momento u otro del futuro. Tal y como More dice «es una oportunidad. Y parece que es mejor que la alternativa».

El punto de vista del que parten es: ¿te quieres morir sin más? ¿o quieres morirte y que haya una pequeña posibilidad de que en el futuro vuelvas a la vida? Bajo esa lógica hay que decir que resulta difícil encontrarle pegas a su propuesta más allá de los más de 200 mil dólares que no todos tenemos en el banco.

Las ventajas de congelar solo tu cabeza

Hay otro tema importante del que hablar respecto a la información de la que nos nutrimos con este reportaje. Y se trata de la disponibilidad de dos formatos para congelarnos e intentar volver a la vida en el futuro. La primera ya la hemos comentado e implica que nos criogenicen tal cual estamos cuando fallecemos. La otra es la alternativa económica, que implica que solo se nos congelará la cabeza.

¿Pero se trata de una criogenización de marca blanca o de medio pelo? Lo cierto es que no. Esto lo podemos ver al saber que la cofundadora, Linda, ha elegido este método para preservarse cuando llegue el momento. Ella no quiere su cuerpo para nada. Y tiene lógica.

Lo primero que hay que decir es que aunque solicitemos una criogenización de todo nuestro cuerpo, lo que tiene prioridad en todo momento es la cabeza. En ella se encuentra el cerebro, el pensamiento y la memoria. Se podría decir que es lo que nos hace nosotros, puesto que el cuerpo va cambiando con el paso de los años y se va deteriorando.

Linda dice que ella solo quiere que le criogenicen la cabeza porque espera que cuando llegue el momento de volver, ya exista tecnología que le pueda proporcionar un nuevo cuerpo. No quiere un cuerpo viejo como el suyo, sino que piensa en cómo los nano-robots formarán un cuerpo ideal para ella con el que se sienta perfecta y fabulosa. Podrá ser tan bella como siempre haya soñado ser y no tener ningún tipo de límite. Además, insiste en que en la cabeza hay suficiente tejido y ADN como para que los científicos del futuro lo puedan utilizar para construirle un nuevo cuerpo. También menciona cómo seguramente los cuerpos de los humanos actuales habrán quedado muy desfasados en el futuro, por lo que no sería adecuado seguir con él.

Otro de los fantásticos ejemplos que pone Linda nos describe un mundo en el que ella tendrá un cuerpo de nanobots que podrán cambiar su aspecto dependiendo del momento y de sus intereses. Por ejemplo, podría meterse en el agua del mar para nadar con un cuerpo de orca creado con nanobots que implicara que ya no tendría que preocuparse por tiburones, ya que serían ellos los que deberían estar alerta.

En cualquier caso, lo importante es que la criogenización de cabeza solo cuesta 80.000 dólares en vez de los 200.000 de todo el cuerpo.

¿Por qué podría no funcionar?

Ahora mismo lo que los científicos que no apoyan en su totalidad la criogenización que ofrecen empresas como Alcor defienden el razonamiento de que es difícil saber qué daño se producirá al cerebro incluso en esta fase de preservación. No hay garantías y eso es algo que preocupa. Se cree que conservando el cerebro a temperaturas bajo cero durante décadas podría llevar a que se produjera daño celular. Por otro lado, las empresas de criogenización todavía no han podido demostrar a la Brain Preservation Foundation que son capaces de conservar sin daños las zonas del cerebro que se ocupan de la memoria a largo plazo. Eso es lo primero que le preocupa a la fundación de preservación del cerebro, ya que de ello dependerá que este tipo de idea pueda tener cierta base sólida para ser tomada en serio.

Los expertos de esta fundación comentan que por ahora las únicas pruebas que se han realizado en animales de una manera medianamente exitosa han dado resultados dispares. Por ejemplo, que en la recuperación del cerebro se aprecie una gran cantidad de células que han muerto en el proceso. O que para preservar el cerebro se hayan tenido que aplicar métodos que no se contemplan para los humanos, como que el animal tenga que estar vivo, lo que produce su muerte, y que el cerebro nunca se pueda reanimar.

Trasladar la mente, vivir de otra manera

Lo que proponen algunos científicos es que miremos al futuro de una manera distinta con la intención de buscar esa forma alternativa de seguir viviendo. Desde la fundación dedicada al cerebro lo que creen es que es más posible que la humanidad encuentre una manera de trasladar los pensamientos, los recuerdos y la mente de una persona a un cuerpo nuevo o un elemento nuevo, que se realice una operación de resurrección con cuerpo incluido. El lugar al cual vayan a parar esos recuerdos, esa mente, no está determinado. Podría ser un cuerpo de robot, un ordenador o cualquier cosa. Pero implicaría que seguiríamos viviendo, al menos nuestra mente, que es donde se encuentra lo que nos representa.

Vía: CNET

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