Acerca del formato RAW (parte I)

La mayoría de las cámaras digitales prosumer, algunas point-and-shoot y todas las reflex tienen la opción de utilizar el formato RAW además del Jpeg a la hora de guardar una foto inmediatamente luego de ser tomada (algunas incluso brindan la posibilidad de guardar una foto en ambos formatos simultáneamente).

A diferencia del jpeg que vendría a ser una ‘copia final’ lista para ser publicada en la web, podríamos pensar en el formato RAW como una especie de ‘negativo digital’ o ‘imagen en crudo’ a partir de la cual podemos editar en la fase de postproceso, varios aspectos que se refieren directamente a los controles de la cámara al momento de hacer la toma y que inciden en la presentación de la imagen. Más precisamente, tener una foto en formato RAW les permitirá fácilmente:

  • Corregir una mala exposición.
  • Corregir una mala elección en la temperatura del color, la saturación del color, y/o el espacio de color.
  • Evitar la quema de blancos (pérdida de información o detalles en las zonas de luces) al momento de corregir diferentes aspectos de la imagen (contraste, etc.).
  • Obtener una imagen más nítida, sin ningún tipo de artefacto de compresión.
  • Que sus fotos se vean mejor, a causa de todo lo anterior.

Si tu cámara soporta este formato, úsalo sin pensártelo dos veces. Eso sí: ten en cuenta que una imagen en formato RAW pesa varias veces más que su par jpeg, por lo que se hace imprescindible contar con una tarjeta de memoria de amplia capacidad si no queremos agotar su espacio rápidamente.

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